No hay duda de que algunas leyendas mitológicas y observaciones extrañas pueden tener su origen o inspiración en fenómenos naturales.

En el pasado todavía con mayor asiduidad puesto que muchos hechos de la Naturaleza que ahora sí conocemos eran entonces desconocidos.

Incluso ahora todavía los hay que escapan a nuestra comprensión actual o que únicamente comprendemos en parte.

Al hilo de todo esto, no hay duda de que una criatura que comparten diversas culturas y pueblos de la antigüedad es la serpiente voladora en diversas formas. Habida cuenta del comportamiento de las serpientes en general, perfectamente conocido por el hombre desde el principio de los tiempos, cabe preguntarse cómo apareció imagen tan recurrente y tan en principio apartada de la realidad.

Quizá por las regiones del sureste asiático podrían haber observado algo que les sugiriera ese pensamiento por cuanto por allí habitan las serpientes del género Chrysopelea, que cuenta con varias especies y que son conocidas genéricamente como “serpientes voladoras”.

Se caracterizan por tener el cuerpo un poco más aplanado y diseñado de forma que pueden saltar de árbol en árbol, son arborícolas, y generar la suficiente sustentación para “reptar” en el aire y desplazarse planeando, que no realmente volando, incluso un centenar de metros. Tenéis a continuación un pequeño vídeo que muestra a una de estas serpientes en acción.

Por supuesto, quienes contemplaran algo así bien podían deducir que estas serpientes fueran capaces también de volar como los mismos pájaros, lo que pudo haber originado historias o leyendas sobre ello.

De todas formas, también es cierto que dichas leyendas no aparecen únicamente en las zonas de distribución de estos reptiles y además suelen hacer referencia a seres de mucho mayor tamaño y aparente poder que los mencionados colúbridos, por lo que algo más debe haber por ahí.

Y precisamente traigo hoy aquí un extraño fenómeno meteorológico que bien pudiera ser culpable de originar alguna de estas historias. No es demasiado frecuente e incluso hoy en día, con tanta tecnología, es raro pillar uno en directo.

Se trata de la curiosa “nube en embudo”. La forman gotas de agua condensada especialmente unidas por una corriente rotativa de aire y que como particularidad se generan a partir de otra nube mayor con la que se conectan.

Diríamos que su aspecto visual se asemeja al de un tornado, pero su final no es tan ancho, de hecho recordaría más al aspecto de una manga marina, ese tipo de tornado que se origina en el mar cerca de la playa y que no es raro observar en algún telediario filmada incluso aquí en España.

De hecho los tres están íntimamente relacionados, aunque el fenómeno se queda en nube en embudo cuando no llega a tocar superficie, ya sea en tierra o mar.

En ese caso, lo realmente curioso es que la nube en embudo en lugar de disolverse sin más puede desplazarse por el aire y desaparecer al revés, es decir, hacia arriba, dando la impresión realmente de tornarse en un ser que se mueve y vuela alejándose por el cielo.

Sin duda aquel que presenciara un espectáculo así bien podía imaginar una gigantesca serpiente mágica desplazándose majestuosa.

Como digo, no es un fenómeno que se haya filmado con frecuencia. Sin embargo, el 30 de septiembre de 2017, un afortunado testigo, pudo filmar una de estas nubes que se formó en la ciudad japonesa de Joetsu, perteneciente a la región de Chubu, en la isla de Honshu, la mayor del país.

A continuación os enlazo el vídeo para que podáis fascinaros también con el fenómeno e imaginar qué se puede pensar al observarlo.

Desde luego, tanto las serpientes de antes como estas nubes, pueden ayudar a comprender esa querencia por los mitos de las serpientes voladoras, pero no los explican todos ni su distribución geográfica. Quién sabe si alguna de estas historias no obedece realmente a una observación directa de una criatura todavía desconocida o que existió en un pasado aunque ahora ya no esté.

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