Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, como dice el famoso villancico. Nuestras queridas fiestas navideñas. Pocas tan entrañables y que despierten tantos buenos sentimientos como ellas.

Por descontado, le entrada de hoy no podía sustraerse a ese espíritu y confío que os guste tanto como me gustó a mí cuando la conocí hace algunos años.

Así que vamos a ello y permitidme que os presente a un simpático amigo que seguramente os emocionará si no le conocíais.

El relato comienza en una localidad polaca de nombre un tanto dificultoso para nosotros, como es Bydgoszcz. Allí existe un centro veterinario que da servicio a la zona y es el lugar en donde todo comenzó allá por la primavera de 2015.

Un día un buen samaritano les llevó un pequeño gato negro de pocos meses que había encontrado en la calle medio muerto, para ver si podían hacer algo por él.

Cuando le hicieron los pertinentes análisis, los veterinarios descubrieron que tenía una grave infección respiratoria que estaba poniendo en riesgo su vida.

Le pusieron un tratamiento de choque, pero pasaron un par de días y el gatito no mejoraba, por lo que los responsables del centro se empezaron a plantear seriamente practicarle la eutanasia para evitar más sufrimientos al animal.

Sin embargo, todos se dieron cuenta también de que cuando lo atendían y el animal les miraba con los ojos entrecerrados, casi parecía transmitirles que no quería rendirse y que le ayudaran a resistir.

Y al final eso fue lo que decidieron todos, médicos y enfermeros, al unísono: Si el valiente animal no estaba dispuesto a dejarse vencer, ellos tampoco lo harían.

Continuaron peleando con todas sus ganas contra la enfermedad mientras el pequeño gatito se ganó sus corazones. Le pusieron por nombre “Radamenes” y todos sabían que no iban a permitir que se les fuera.

Y así, poco a poco, lograron revertir la situación. Un par de semanas después, resultó evidente que el gato se iba a recuperar por completo, como finalmente sucedió.

Para entonces todo el personal se había encariñado hasta el extremo con el inteligente gatuno, al igual que el propio animal con sus nuevos amigos humanos, por lo que decidieron que ya nunca se fuera del centro y lo hiciera su hogar, adoptándolo como residente permanente para que nunca le faltaran ya techo, comida y cariño.

Pero lo increíble de esta historia, lo que hizo que saltara a los medios por todo el mundo, fue lo que comenzó a suceder a partir de ahí.

Y es que Radamenes comenzó a presentar un comportamiento que llamó de inmediato la atención de los profesionales veterinarios. Todo comenzó un día que una enfermera encontró al minino acurrucado junto a un gato que acababa de ser operado de una dolencia grave y estaba en recuperación, como si quisiera hacerle más llevaderos esos difíciles momentos.

A la mujer le produjo ternura y lo dejó junto al paciente, aunque no pudo evitar comentar el detalle con sus compañeros. Lo curioso del caso es que esa anécdota, pasó de de serlo a convertirse en un modo de proceder habitual, porque Radamenes comenzó a hacer lo mismo con todos los animales que estaban en situación grave.

Como si supiera bien lo que el equipo médico del centro había hecho por él y conociendo de primera mano lo mal que lo pasó en esos complicados momentos, se diría que el inteligente y agradecido felino intentaba de alguna forma devolver a su manera todo lo que recibió y ayudar él también como si fuera uno más del equipo.

Curiosamente, los médicos se dieron cuenta de que la presencia y cercanía de Radamenes resultaba beneficiosa para los animales convalecientes, porque además el gato no hacía distingos y tan pronto daba ánimos a un gato, como a un perro, a un conejo, o a aquel que lo precisara.

El simpático felino se acurrucaba horas con los demás, los lamía o ronroneaba junto a ellos para tranquilizarles y hacerles saber que no estaban solos.

Ante eso y también agradecidos, los humanos decidieron permitir que el animal les ayudara como un enfermero más, proporcionando apoyo y compañía a los más necesitados.

Fue entonces cuando las facultades del gato para ayudar a otros comenzaron a pasar de boca en boca hasta acabar inundando las redes haciendo que la bonita historia del generoso Radamenes emocionará a muchos. En esa época, todos los que tuvieron oportunidad se acercaron al centro veterinario para conocer al animal en persona y ni que decir tiene que el número de clientes se multiplicó.

Sin embargo, según comentaba uno de los responsables en una ocasión a los medios, para ellos lo importante era el vínculo tan maravilloso que se había creado allí. La unión que habían forjado con Radamenes para formar un increíble equipo con el único afán de ayudar a otros animales.

Como sucede en estas cosas de las redes, a los pocos meses dejaron de estar en el punto de atención de los medios, pero al menos en lo que yo sé, creo que ese magnífico equipo sigue todavía hoy en día dando lo mejor de sí mismos en su infatigable y encomiable tarea.

¿No es una bonita historia para el día de hoy? Espero que también os lo parezca. Cuando hay cariño, amistad, trabajo duro y ganas de salir adelante, los humanos y los animales pueden lograr grandes cosas. Ojalá que cosas así pasaran más a menudo. Es mi deseo en esta Nochebuena.

Y por supuesto aprovecho ahora para, de todo corazón y agradecido porque sigáis al otro lado acompañándome en este pequeño rincón que es MISTERIO ANIMAL, desearos paséis las más felices fiestas navideñas.

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