Al igual que ha sucedido en otras oportunidades, la entrada de hoy tiene su origen en el mensaje de un conocido, aportándome datos referidos a algo curioso por si lo conocía y podía ampliar la información sobre el particular, o en caso contrario investigar profundizando en el tema.

Lo cierto es que esta vez sí estaba al tanto del asunto, que conocí hace ya tiempo cuando anduvo moviéndose por diversos medios.

Es un caso que más que inquietante resulta curioso, puesto que aparentemente habla de la existencia de una especie que parece casi irreal.

En concreto es un ave, con más exactitud un representante de la numerosa familia de los búhos, que no resulta única por ninguna característica morfológica especial, sino por su color.

Si pensamos en cualquier tipo de búho y más concretamente en su plumaje, a todos nos vendrá a la cabeza una combinación de tonos grisáceos y marrones perfecta para el camuflaje, quitando, obviamente, el níveo plumaje blanco del búho nival (Bubo scandiacus), famoso compañero de Harry Potter, que también cumple esa misma función de camuflaje en su territorio de distribución.

Lo que ya nos parecería más raro es un búho con un plumaje multicolor o de colores vivos. Pues bien, justamente de eso trataba la noticia, de la existencia de una rarísima y considerada casi extinta especie, con el plumaje de un bellísimo matiz arco iris, que realmente deja anonadado.

La noticia venía acompañada de una foto de la espectacular ave y un artículo de la Dra. Claudia Weatherfield, perteneciente al departamento de Biología de la Universidad de Toledo (Ohio).

En dicho artículo, la doctora narra primero cómo el llamado “Búho arco iris” fue cazado prácticamente hasta su extinción total a principios del pasado siglo XX, quedando únicamente algún ejemplar residual en el oeste de Estados Unidos y en zonas remotas de China.

Parecería no obstante que se habría logrado que en zonas de Montana se estuviera trabajando para recuperar la especie.

El tamaño del animal estaría, utilizando aves europeas, entre el del cárabo común (Strix aluco) y el búho real (Bubo bubo), si bien, no tendría las características “orejas” del segundo y sí la cabeza redonda del primero.

Según habla la doctora, es más activo al amanecer y al atardecer, siendo un notable depredador que se alimenta sobre todo de roedores, aunque puede ser capaz de capturar serpientes o incluso otros búhos menores.

Es muy destacable también que aparte de su ya de por sí único plumaje, el búho arco iris posee otra característica diferencial dentro de la familia, puesto que al parecer, su tono de llamada, lejos de ser el típico sonido monótono típico, presenta una musicalidad y variedad sorprendentes.

La noticia concluía explicando que la doctora y su equipo estaban trabajando en un completo proyecto para conocer mejor la biología de la especie y poder así contribuir a su conservación para evitar su completa desaparición.

Para ello se habían reforzado con otro grupo procedente del campus de Missoula, en la Universidad de Montana, al mando del investigador Herman Roark.

Terminaba el artículo con una nota curiosa, como era que habían detectado que los búhos arco iris tenían una especie de oído musical y se sentían atraídos por la música, de forma que los investigadores llevaban siempre aparatos reproductores para intentar que las aves se acercaran lo suficiente.

Era notable la exactitud de los datos en cuanto precisaban que les atraía especialmente la música disco, de la que iban siempre surtidos, hasta el punto de que el equipo investigador era conocido por sus colegas con el sobrenombre de “The disco squad”.

Bien, esa era la noticia, en la que como veis no faltaban las pruebas gráficas y las referencias científicas, pero antes de que todos corráis a buscar las novedades que haya podido descubrir este estupendo grupo de científicos sobre el particular o a buscar cómo hacer un ingreso al “Fondo de recuperación del búho arco iris”, os debo contar el resto.

En primer lugar, la noticia no es ni mucho menos de ahora, sino que salió a la luz por primera vez tal cual, en 2012.

Por supuesto existe la Universidad de Toledo en Ohio y la de Montana, cuyo mayor campus es el de Missoula, pero lamento comunicaros que no encontraréis ahora a la doctora Weatherfield ni al señor Roark. Tampoco los hubierais encontrado en el 2012, puesto que son personajes inventados.

Obviamente, toda la literatura del artículo también es pura invención, cosa que, la verdad, detalles como el no proporcionar nombre científico alguno para el animal, la estrambótica zona de distribución de la especie y sobre todo el punto de la música disco, ya podrían hacer sospechar a cualquiera con mínimos conocimientos sobre esta familia de aves nocturnas.

Además, el sin duda visualmente bello búho arco iris, no es más que otra invención. La foto que se hizo popular en realidad era un retoque digital de otra foto en la que podíamos ver al mucho más común búho barrado o ululante (Strix varia), estrecho pariente de nuestro cárabo europeo y ampliamente extendido en los bosques norteamericanos.

Como colofón, debajo tenéis la foto original de la que se sacó la otra, que alguien tuvo la paciencia de encontrar en el maremágnum de la red.

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