No sé si en otros lugares conoceréis el dicho, pero seguro que todos los lectores españoles habéis  oído alguna vez la frase “Más raro que un perro verde”, que usamos para referirnos a algo que tiene muy pocas posibilidades de suceder y resulta extraordinario.

Lógicamente, esto viene de otorgar de partida una posibilidad prácticamente nula al hecho de hallar un perro de color verde, lo que justifica la comparación por afinidad.

Sin embargo, a veces el mundo natural nos sorprende con misterios inesperados que parecen venir de un humorista intento de hacernos quedar mal a nosotros y nuestros dichos.

Algo así es lo que recientemente ha sucedido en Rusia, donde, por extraño que parezca, se ha detectado una manada de perros asilvestrados en la que algunos ejemplares eran de color, no verde, eso es verdad, pero sí azul, cosa esta igual de extravagante.

En efecto, a las afueras de la localidad de Nizhny Novgorod, quinta en población del país con sus más de 1.300.000 habitantes, ubicada en la parte europea de Rusia y a unos 400 kilómetros de Moscú, han tenido lugar hace no mucho, a partir del pasado febrero, estos avistamientos.

Han llegado a verse hasta siete u ocho ejemplares de un color azul brillante, cosa esta que rápidamente ha hecho que la noticia se extendiera por la ciudad y luego hacia el exterior.

A medida que aumentaban los testigos, la curiosidad de todos fue en aumento y pronto científicos locales comenzaron a desplegarse para hallar la explicación a esa misteriosa coloración, que a todas luces no tenía nada de normal.

Pronto, con el transcurso de los días, comenzaron a surgir todo tipo de especulaciones sobre el tema, disparándose la imaginación de muchos, habida cuenta de que el suceso era muy interesante desde un punto de vista misterioso.

Pero los científicos que se pusieron a ello no tardaron en aportar otra perspectiva. Habiendo en primer lugar tratado de establecer unos seguimientos a los perros para buscar patrones comunes, acabaron descubriendo que los canes tenían, por así decirlo, una base de operaciones, un refugio al que acudían a pernoctar y que habían convertido en su hogar.

Este no era otro que una antigua fábrica hoy en día abandonada, que se dedicaba a la producción de vidrio. Ocurre que en ese proceso, uno de los elementos principales que utilizaban entonces era el azul de Prusia.

Materia colorante que era usada como base en formato de polvo, pudo constatarse que todavía se hallaba presente depositada como residuo en gran parte de las instalaciones, conservando por supuesto su poder para teñir o colorear.

La conclusión para todos fue rápida. El contacto de los animales con los residuos mientras vagaban por la fábrica y sobre todo cuando se tumbaban a descansar, había hecho que sus pelajes los absorbieran y se colorearan de azul.

Una vez creyeron haber encontrado la causa de la anomalía y dado que los animales tampoco habían representado hasta el momento un problema de seguridad para los ciudadanos, decidieron dejarles de nuevo tranquilos.

Pero sin embargo, los científicos tampoco quedaron del todo satisfechos pues una nueva duda surgió en sus cabezas y no era otra que poder saber de

qué forma esos residuos quizá habrían afectado, aparte de teñirlos de azul, a la salud de los canes.

Como había personas amantes de los animales de la ciudad que también tenían esa preocupación. Se decidió hacer una nueva intervención.

Esta vez el objetivo era capturar a los animales azules. Con la ayuda de jaulas trampa lograron hacerlo y llevar así a los perros a una clínica veterinaria local para que pudieran hacerles un chequeo.

En las primeras impresiones y estudios, aparentemente los animales estaban sanos y en buen estado para ser perros callejeros. Únicamente mostraban un voraz apetito, cosa por otra parte comprensible.

No obstante, dado que el pigmento azul de Rusia puede ser tóxico, se mantiene la colonia perruna en observación por parte de voluntarios, por si apareciera algún síntoma extraño en algún animal. Se les ha ubicado también en otra zona a las afueras para que dejen de estar en contacto con los residuos y de hecho algún can ha comenzado ya poco a poco a perder su irreal tono azul.

Curiosamente, lo del perro verde del dicho tiene también otra continuación en una población a poco más de 40 kilómetros de Moscú, pues allí se observó tampoco hace mucho, otro grupo de perros que presentaban, esta vez sí, un brillante color verde.

Aquí la causa sigue envuelta en el misterio, pero las autoridades locales sospechan de alguna broma, de muy mal gusto, por cierto, de alguna pandilla que hubiera podido pintar a los canes. Lo cierto es que en este caso los perros han sido bastante más esquivos y la explicación final no está clara todavía.

Sin duda, eso sí, la próxima vez que empleéis el dicho popular del “Más raro que un perro verde”, seguro que en vuestro interior estaréis pensando: “Bueno, siempre que no aparezcan más por algún lugar y me fastidien el ejemplo”.

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