Un rondador nocturno
Muchas veces el misterio aparece de una manera inopinada en situaciones de lo más mundanas y que priori no parecerían sugerir su presencia.
Imaginemos un gran aparcamiento de un centro que rebosa visitantes, eso sí, en sus más tranquilas horas nocturnas, pero no obstante parecerá un lugar de lo más soso con una visión normal.
Sin embargo, de una manera curiosa el misterio puede llegar a aparecer también aquí, como se ha podido comprobar en fechas recientes en un conocido recinto español.
Se trata del cántabro Parque de la Naturaleza de Cabárceno, una de las instalaciones más visitadas de España y parada obligada si visitas la preciosa comunidad de Cantabria.
Este parque es famoso por sus impresionantes instalaciones que permiten que los animales mantengan un régimen de semilibertad, al ser de un tamaño nada habitual y perfectamente integradas con el entorno de forma realmente admirable.
Cuenta con un gran número de especies impresionantes y participa en varios programas internacionales de protección. Yo personalmente he estado allí en más de una ocasión y desde luego os lo recomiendo para visitar.
Aquí dejo un enlace a su página web, por si os interesa más información:
https://parquedecabarceno.com/
Pues bien, ha sido precisamente este parque el que por unos días se ha convertido recientemente en protagonista involuntario de un misterioso suceso, que hasta su resolución ha tenido muy atareados a los que se han ocupado del mismo.
Todo ocurrió cuando una noche un empleado del parque que terminaba su turno, al ir a coger su vehículo de servicio en el aparcamiento, descubrió que no arrancaba.
Sin lograr encontrar la causa, el coche fue revisado más en detalle descubriendo así que unos cables bajo el mismo, que iban a la batería, estaban dañados y rotos como si alguien los hubiera cortado de una forma irregular.
En primera instancia pensaron en algún acto de vandalismo pero les resultaba una teoría a la vez difícil de creer pues no parecía que una persona pudiera haberse colado en las instalaciones para hacer esa faena que tampoco llevaba a nada.
Pero lo bueno vino en las dos noches siguientes cuando hasta tres vehículos más presentaron idénticos daños estando igualmente aparcados.
Este misterio ya puso a la dirección del Parque a investigar con más detenimiento llegando a activar también a la Guardia Civil, por lo extraño del caso.
Los miembros de la Benemérita, trataron el tema como cualquier investigación y comenzaron por buscar y recopilar pruebas. Lógicamente acabaron llegando a las cintas de videovigilancia de la seguridad del parque.
Eran horas de grabaciones, por lo que no fue inmediato, pero finalmente los encargados de visionarlas dieron con algo muy sospechoso y que podría aclarar el enigma.
En un determinado momento de la noche se puede observar cómo un animal de pequeño tamaño se acerca a uno de los vehículos que resultarían averiados y se mete debajo, permaneciendo allí unos minutos, para salir después y continuar su camino.
Por los ángulos y ubicaciones de las cámaras, no pudieron identificar algo así en los otros vehículos, pero no resultaba aventurado deducir que pudo haber ocurrido lo mismo.
En un primer momento los investigadores pensaron en un gato, aunque tampoco comprendían bien que el felino se dedicara a roer cables.
Sin embargo fueron los propios veterinarios del Parque los que al ser invitados a visionar las imágenes dieron con el visitante. Se trataba de una marta europea (Martes martes) precioso y ágil mustélido que vive de manera natural en el bosque cantábrico.
En un animal de costumbres más nocturnas que diurnas y de dieta omnívora en el más amplio sentido de la palabra, pues podríamos decir que come casi todo lo que se le ponga por delante y pueda conseguir.
La Guardia Civil constató después que el animal en realidad había sido muy selectivo, pues lejos de estropear todos los cables que hubiera podido alcanzar, se limitó a unos en concreto de un llamativo color naranja.
Los veterinarios, ya con el animal identificado, pudieron igualmente identificar sus mordeduras y así comprobaron este extremo.
Vieron que ese revestimiento naranja era diferente al del resto de cables y hasta olía diferente. Concluyeron que el material, olor y quizá sabor, atrajeron a la marta, que por tanto consideró comestibles esos cables en concreto.
Al final el misterio no lo era tanto, pero mientras se llegaba a su resolución, seguro que hubo quién pensó en posibilidades más siniestras para explicar este curioso caso.
Etiquetas: Mamíferos
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