Depende del punto de vista
Hoy me gustaría comentaros una curiosidad arquitectónica o si preferís escultórica, que viene del pasado y que a fecha de hoy todavía no asombra y hasta nos produce una sonrisa.
Nos hace ver que, como en otros muchos aspectos, técnicas que considerábamos más propias de tiempos más avanzados o recientes, no lo son tanto y ya eran conocidas por antepasados bastante antiguos.
Esa curiosidad a la que hacía referencia la podemos encontrar en un majestuoso y conocido templo ubicado en el estado hindú de Tamil Nadu, más exactamente en la población de Darasuram.
Es el templo Airavatesvara, imponente muestra de la arquitectura religiosa hinduista, bien conservado y bastante visitado por creyentes y turistas.
De su importancia da cuenta el hecho de que esté incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, estando fechada su construcción allá por el siglo XII tras el deseo del Rajarajá Chola II.
Junto a los templos hermanos de Gangaikondacholisvaram y Brihadisvara, forma el trío incluido en dicha lista bajo la denominación de los grandes templos vivientes de la dinastía Chola.
El que nos ocupa se dedicó al gran dios Shiva y recibe su nombre por que la tradición explica que allí era adorado por Airavata que a su vez era un elefante blanco sagrado, posesión nada menos que del mítico Indra, el rey de todos los dioses.
Dice así mismo la leyenda, que este elefante sufría una maldición que le hacía cambiar de color y únicamente pudo revertirla y volver al suyo natural tras bañarse en las aguas del templo. En recuerdo de ello, la construcción lleva ese nombre.
Hay además dentro de uno de los santuarios interiores, una talla que así nos lo hace ver también, de Airavata con Indra recostado en su regazo. A lo largo del conjunto hay además diversas figuras que representan escenas de los dioses y no pocas con animales.
Sin embargo, hay una en particular que otorga al templo de Airavatesvara su singularidad única puesto que podríamos estar ante una de las ilusiones ópticas o trampantojos artísticos más antiguas de las que se tenga noticia, especialmente por su buen estado de conservación.
Dentro de una estela en particular, se encuentra un fantástico bajorrelieve que representa un toro y un elefante. Su particularidad es estar está tallado de tal forma que se diría que sus cuerpos aunque diferenciados, se acaban entrelazando en las cabezas.
Y ahí aparece el punto en el que nuestros sentidos se ven engañados, porque si enfocas la vista en la parte de la izquierda verás un toro perfectamente formado, mientras que si la enfocas en la parte derecha, lo que tus ojos percibirán será un elefante.
Haced la prueba con las imágenes que andan por estas líneas y veréis que en efecto eso es lo que sucede.

Aparte de admirar la habilidad de los artistas originales, hay dos teorías principales para explicar el porqué de este juego visual.
Para algunos, representa la forma mitad masculina, mitad femenina, del dios Shiva, mientras que otros consideran que es un símbolo de la unidad entre las deidades hindúes.
Cierto es por otra parte, que el concepto tendría su importancia, puesto que existen figuras que siguen el mismo patrón en otros templos de la época, como el Vijaya Vittala de Hampi o el de Rameshwaram en la Isla del mismo nombre.
Sin embargo el estado de conservación de esos bajorrelieves es no es en absoluto como el de este de Airavatesvara, de ahí su relevancia como símbolo religioso y arqueológico.



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