Nuestros amigos animales nos sorprenden en más de una ocasión apareciendo misteriosamente en los lugares más insospechados para recordarnos que están ahí.

A veces ellos mismos, en ocasiones sus rastros, pero parece que se confabulan para hacernos pensar cómo y para qué llegaron a hacerse notar, en situaciones en las que en principio no deberían haber estado.

Esto viene a cuenta de un curioso descubrimiento que aunque tuvo lugar hace unos cuatro años, por estas cosas de las redes sociales ha vuelto a ser de actualidad.

Nuestra historia tiene que ver nada menos que con un cuadro y no uno cualquiera, sino uno bastante famoso, en el que se percataron de que había algo más de lo que aparentemente mostraba la pintura.

Nos ponemos en situación. En la ciudad de Kansas se encuentra el museo Nelson-Atkins, que cuenta en su colección con piezas notables, entre ellas un lienzo icónico como es “Los Olivos” de Vincent Van Gogh.

Como tantos otros del famoso pintor, ha sido reproducido en infinidad de ocasiones, pero nadie imaginaba la sorpresa que guardaba en su interior.

Todo comenzó cuando al cuadro se le realizó un mantenimiento de conservación y restauración, tal como a veces se realizan a este tipo de obras.

A cargo del equipo estaba Mary Schafer, conservadora del museo, que fue precisamente la persona que en un examen rutinario con lentes de aumento descubrió algo inaudito.

En la parte inferior del mismo, pudo ver entre los trazos de la pintura al óleo que había algo superpuesto. Mirando con más atención, le pareció que lo que observaba se parecía asombrosamente a la pata trasera de un saltamontes.

Comunicó su hallazgo y centrándose en el descubrimiento, el equipo pudo descubrir que en efecto el cuerpo de un saltamontes se hallaba incrustado en el cuadro.

Al final pudieron constatar que no estaba el cuerpo íntegro, pues faltaban el tórax y el abdomen, pero sin duda era un saltamontes.

Cabe decir aquí que los pintores del estilo de Van Gogh eran partidarios de pintar mediante la observación de los modelos naturales, o dicho de otra forma, recrear los paisajes estando ellos mismos dentro del propio paisaje.

Este cuadro en concreto, parece que fue concebido durante una estancia que el holandés realizó en el asilo monasterio de la población de Saint Rémy de Provence, en la región francesa de la Provenza, famosa por su bella campiña mediterránea.

Por ello no hubiera sido inverosímil que un saltamontes hubiera podido saltar desde el propio campo al lienzo, aunque sería un poco más raro que el artista no se diera cuenta de la circunstancia, o bien en el mismo momento o bien más tarde.

Por ello el equipo, pensando en esas y otras cosas y en esta ocasión al mando del propio director del museo, Julián Zugazagoitia, se puso en contacto con el profesor Michael S. Engel, paleoentomólogo de la cercana Universidad de Kansas.

Pudieron consultarle sus dudas, en concreto, querían ver si se podía identificar la especie y a través de ello intentar precisar con más exactitud la época del año en la que se pintó el cuadro y también comprender el modo en que el insecto había pasado desapercibido para el artista.

Sin embargo el científico no pudo sacar conclusiones claras con los restos hallados, que eran insuficientes para precisar correctamente la especie.

En cuanto a la propia existencia del insecto, el profesor Engel indicó que dado que no observaba trazo alguno de movimiento en la pintura circundante, era evidente que el animal ya aterrizó en el cuadro estando muerto, bien arrastrado por el viento o dejado caer desde arriba por un ave.

Quizá por eso el artista no advirtió la incidencia, como a lo mejor sí hubiera pasado si el saltamontes se hubiera puesto a patalear por salir de la pegajosa pintura.

O quién sabe, lo mismo sí llegó a darse cuenta y prefirió no retocar el cuadro y dejarlo como estaba pensando que nadie se daría cuenta.

Fuera como fuese, el caso es que desde ahora, el ya de por sí famoso cuadro tiene un punto adicional de atracción.

Debo advertiros para terminar, que si alguno tiene la ocasión de estar frente al original en el museo, tampoco os va a ser fácil descubrir el personaje oculto, pues es prácticamente inapreciable sin estar pegado al cuadro y además con lentes de aumento.

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