No descubro nada nuevo si digo que Perú es posiblemente uno de los países del mundo con más misterios arqueológicos y eso contando los hasta ahora descubiertos, pues sin duda quedan otros por descubrir.

No faltan indicios de esto último y seguro que en sus territorios desérticos o cubiertos por la frondosa selva, esperan nuevas sorpresas.

Una de las buenas se llevaron por cierto, los en su día descubridores de la extrañeza de la que vamos a hablar en las siguientes líneas.

Y sin duda lo es porque se encuentra perdida entre la vegetación y sin nada similar o remotamente parecido en los alrededores, que permita deducir que formaba parte de alguna estructura más compleja.

Una estructura rocosa, solitaria y única, entre la inmensidad verde, sin que nada, ni siquiera en el terreno circundante, permita aseverar cómo acabó allí.

Se ha calculado que cuenta con más de 3.500 años de antigüedad y por todo lo descrito se trata del único monumento lítico conocido encontrado en plena selva central peruana.

Hablo de monumento, pues es obvio que la roca ha sido trabajada por manos humanas, si bien no está determinado con exactitud quienes fueron sus autores.

Conocido en todo Perú como “El Monstruo de Canuja”, lo cierto es que esta roca no deja indiferente. Como decía, se encuentra literalmente aislada entre la vegetación, sin otros atisbos de formaciones rocosas de ningún tipo en un radio considerable.

Por su composición, se identifica como un bloque compacto de andesita que mide unos 4,8 metros de largo, 2,9 de alto y 3,0 de anchura.

Está labrado de manera que recuerda un gran felino en reposo, de ahí que también se le conozca como “El tigre” (Antes de que alguien salga a decir que no hay tigres en Sudamérica, recordad que uno de los nombres comunes con los que allí denominan al jaguar, es precisamente “tigre”).

Adicionalmente en algunas zonas es llamado “El toro”, aunque en este caso, la verdad veo menos parecido, pero os doy el dato.

Lo llamemos como lo llamemos, es indiscutible que su aspecto resulta formidable e impresionante destacando en el lugar como algo único.

Por su ubicación, habría que decir que la población más cercana es la de Atalaya, desde donde el recorrido más conocido discurre por un tramo de río, para seguir luego el siguiente a pie por la selva hasta la roca.

No se sabe muy bien a qué cultura habría que otorgarle el mérito de su creación, pero sí se piensa que sea preincaica, quizá proto chavín.

Si le vemos en su totalidad, el monstruo presenta la cabeza de algo similar a un felino, un jaguar sería una buena aproximación, y posee diversos signos y petroglifos esculpidos en sus laterales. Entre ellos parecen distinguirse cruces y equis, algunos soles y hasta lo que se diría la forma de una mano humana.

Aunque conocido desde mucho tiempo atrás, el monstruo alcanzó gran notoriedad a partir de 1995, pues fue ese año cuando el conocido arqueólogo peruano Federico Kauffman, al frente de un equipo internacional, dirigió una expedición in situ para realizar un estudio de la asombrosa pieza.

Catalogaron los diversos símbolos, realizaron todo tipo de mediciones y más o menos acabaron coincidiendo con las teorías que se barajaban sobre el origen y tipología del monumento, sin poder hacer afirmaciones categóricas, eso sí.

Encontraron algunas notas curiosas, como que había signos que parecían apuntar en línea recta hacia Cuzco. Otros, por el contrario, ni siquiera han sido descifrados todavía.

De igual forma sigue sin estar plenamente explicado cómo se formó y apareció en ese punto concreto ese solitario bloque de andesita, sin más rocas de ese u otro tipo en los alrededores. Tampoco se ha determinado con exactitud cuál fue el propósito de sus autores a la hora de crear la figura principal y sus símbolos complementarios.

Puedo destacar ahora que también se relaciona a la roca con otro curioso punto de interés natural que no se encuentra demasiado lejos de allí, la conocida como “La quebrada del Canuja”.

Es este un tramo acuático que a diferencia de otros cauces de agua de la zona, brota de una manantial subterráneo. Sus poco menos de cinco kilómetros entre rocas están salpicados de pozas y rincones bellísimos y su principal característica es el impresionante color azul turquesa de sus aguas, especialmente cuando llega la temporada seca.

La zona es realmente popular en la ciudad de Atalaya como rincón de asueto y es muy visitada. Dado que sus aguas es raro que bajen de los 18 grados, están consideradas como un balneario natural.

Dicen que en tiempos pasados unas aguas tan diferentes a las demás se consideraban casi sagradas y con propiedades especiales y dado que el Monstruo se encuentra muy cerca, algunas fuentes establecen una relación entre quebrada y roca, en el sentido de que esta última podría ser como una especie de faro o indicador para llegar a las aguas.

En la actualidad, el Monstruo de Canuja es un interesante punto turístico, si bien no lo visitan masas ingentes dado que llegar hasta sus inmediaciones todavía conlleva su puntito aventurero. Pero desde luego merece la pena plantarse en su regazo e intentar que te transmita qué hace allí y cuál es su misión.

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