Mezcla imprevista
Nuestra siempre sorprendente Naturaleza es dada también a jugar con nosotros y presentarnos enigmas que nos mantienen ocupados mientras buscamos su solución.
Son los casos por ejemplo de animales aparentemente imposibles pero que nuestra sabia hacedora hace salir a la luz para nuestro desconcierto.
Hace como unos tres años, a las afueras selváticas de la población de Vacaría, perteneciente al brasileño estado de Río Grande del Sur, se inició un caso que iba a dar mucho que hablar a la comunidad científica.
Unos vecinos atropellaron accidentalmente a lo que en principio pensaron que era un pobre perro callejero. El animal sobrevivió aunque herido y esas buenas gentes en lugar de mirar para otro lado, consiguieron cogerlo y lo llevaron a un veterinario local.
Éste le realizó las primeras curas llegando observar que las lesiones del animal no eran graves y se recuperaría bien.
Ahora bien, el especialista no pudo por menos de notar algunos aspectos extraños. En primer lugar, aunque por supuesto se trataba de un cánido, sus rasgos físicos le hacían dudar de que se tratara de alguna raza de perro de las que él bien conocía.
De hecho, reconoció que ese animal en concreto no era asimilable a ninguna especie doméstica o salvaje de las que tuviera constancia.
Su hocico demasiado alargado, sus orejas muy grandes y puntiagudas y su planta general, en la que distinguía puntos que le recordaban a un perro normal pero también a un zorro, espolearon al doctor que se dio cuenta de que delante tenía algo misterioso.
Solicitó quedarse unos días con el animal mientras terminaba de recuperarse y pudo así darse cuenta de que incluso su comportamiento difería de lo esperado.
Comprobó que no aceptaba el pienso para perros habitual, pero sin embargo no dudaba en cazar a los ratones que abundaban por los alrededores y además era muy ducho trepando a los arbustos. Mantenía por si fuera poco un punto de bis salvaje, a pesar de no ser agresivo, que sumado a todos los demás datos, instaron al veterinario a pedir consejo a colegas de rango más elevado en la ciudad.
Ellos se mostraron igual de entusiastas y lograron entre todos trasladar al animal a un centro de recuperación de fauna para poder realizar estudios más exhaustivos.
Finalmente, dos prestigiosos genetistas, los doctores Rafael Kretschmer y Thales Renato Ochotorena, se encargaron de liderar la investigación que arrojó resultados realmente asombrosos y que pasaron a los anales de su campo.
Cuando publicaron las conclusiones finales, el mundo científico quedó con la boca abierta, puesto que lo que ellos demostraron sin sombra de duda era que el extraño can era el primero hallado de una nueva especie.
Se trataba de una hembra y su especie fue bautizada genéricamente como “dogxim”, que venía de mezclar “dog” (perro en inglés) con “graxaim do campo” (nombre común del zorro de las Pampas).
La curiosa cánida logró así convertirse por derecho propio en el primer ejemplar híbrido plenamente documentado entre un perro doméstico (Canis lupus familiaris) y un zorro de las pampas (Lycalopex gymnocercus).
Presentaba características propias de ambas especies, como jugar igual que un perro pero cazar igual que un zorro o buscar a los humanos pero a la vez querer alejarse de ellos según el momento.
Como rasgo interno distintivo, los genetistas constataron que poseía 76 cromosomas, justo entre los 74 del zorro y los 78 del perro.
Cierto es que a primera vista cualquiera podría pensar que a lo mejor un cruce o mestizaje entre estas especies no sería tan extravagante, pero sin embargo sí lo sería.
Me explico. Es cierto que están más que documentados cruces entre especies más emparentadas genéticamente y sobre todo por línea temporal evolutiva, como puedan ser en Norteamérica lobos y coyotes.
Pero el problema es que las líneas genéticas de las que descienden los perros domésticos y los zorros de las pampas se separaron hace las friolera de unos seis millones de años, lo que a priori debería descartar cualquier posibilidad de llevar un cruce a buen término.
Sin embargo, lo que nadie podía discutir es que el animal estaba ahí, desafiando los parámetros de la genética y haciendo pensar sesudamente a todos los científicos qué aspectos adicionales imprevistos y desconocidos habían intervenido para producir este aparente milagro reproductivo.
Durante dos años más se siguió estudiando a la simpar aparecida, hasta que de una manera imprevista fue encontrada muerta en su instalación en 2023. No había signos previos por lo que se piensa que debió haber complicaciones innatas a su propia condición, en forma de efectos secundarios de un cruce que en principio no estaba destinado a producirse.
Se acabó concluyendo también que quizá el propio hombre con la presión que ejerce sobre la Naturaleza, destruyendo y reduciendo hábitats y por tanto forzando a los animales a buscarse la vida en circunstancias que en principio no deberían afrontar, pudiera ser coautor involuntario pero necesario de interacciones imprevistas entre especies, con resultados todavía insospechados.
En cualquier caso, la aparición de la pequeña invitada imprevista quedará ya para la historia científica, como muestra de que la Naturaleza siempre encontrará la manera de sorprendernos.
Etiquetas: Mamíferos
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