Las carreteras, esas grandes arterias que cruzan e interconectan los países facilitando el movimiento y la comunicación de las personas, son también protagonistas involuntarias de otros cometidos.

Seguro que los que las diseñaron no pensaron que podrían además convertirse en puntos de encuentro con lo desconocido, pero sin embargo esto sucede y ha sucedido, en una gran cantidad de ubicaciones en las más diversas localizaciones.

Nuestro país no iba a ser una excepción y cuenta con historias inquietantes. ¿Quién no ha oído hablar de “La niña de la curva”?

Leyenda urbana donde las haya, ha sido situada en diversos enclaves, como por ejemplo la carretera entre Villalba y Galapagar, en Madrid, por donde yo mismo he pasado más de una vez años atrás, al encuentro del misterio.

Sin embargo, quiero hoy hablaros de otro punto oscuro de nuestra red vial, pues en el relato de lo que allí sucede y sus causas no falta la intervención animal.

Debemos situarnos en la extremeña provincia de Cáceres y dentro de ella, en los alrededores de la hoy en día abandonada localidad de Valparaíso.

Si llegamos por la autovía de Extremadura, la A5, la salida más cercana sería la situada en el kilómetro 174.

Por lo que era esa pequeña población, pasa una carretera comarcal, que une las vecinas Peraleda de la Mata y Torviscoso. La ruta sigue el trazado del antiguo camino, en el que al parecer se originó la historia de terror de la que se habla por toda la zona.

Según cuentan, a finales del siglo XIX, una comitiva de carruajes circulaba por allí por un motivo bien festivo, pues celebraban la primera comunión de una niña. En un momento dado, al llegar a un recodo, se originó el desastre cuando una intervención animal trajo el caos más absoluto.

Aquí, la historia difiere según la fuente original, puesto que lo que se dice es que de repente apareció de la nada una manada de lobos, que en otra versión serían perros callejeros y en una tercera nada menos que serpientes en el camino.

Fueran los que fueren los animales que aparecieron, el caso es que el resultado fue el mismo, haciendo que los caballos de los carruajes enloquecieran, saliendo todos de estampida mientras los conductores hacían lo que podían para volver a controlar la situación.

En el desbarajuste que se originó, nadie reparó que la pobre niña protagonista tuvo la mala suerte de salir despedida por una de las ventanas de su carruaje. Cuando unos kilómetros después los hombres lograron volver a controlar a los caballos, todos cayeron en la pérdida.

Con temor, volvieron la vista atrás, pero los animales que les habían aterrorizado no estaban a la vista, ni siquiera parecían haberles seguido. Tan misteriosamente como aparecieron, habían desaparecido por completo.

Se armaron entonces de valor y volvieron sobre sus pasos para buscar a la infortunada niña, temiéndose lo peor. Pero no encontraron absolutamente nada, ni un cuerpo, ni restos de ropa, ni objetos. La niña había desaparecido.

Los siguientes días hasta se organizaron batidas de vecinos por toda la zona, pero misteriosamente de la niña nunca más se supo.

Tiempo después y ya con la carretera renovada, en los años 50 del pasado siglo XX tuvo lugar otro terrible suceso por la misma zona, cuando una familia tuvo un accidente de coche y la hija resultó muerta. Lo escalofriante del caso es que la pequeña iba también celebrando su comunión y por tanto igualmente vestida para la ocasión, al igual que la otra niña.

Desde entonces, no han faltado referencias y testimonios de habitantes de la zona que han relatado haberse encontrado al pie de la carretera con una niña vestida impolutamente de comunión, dando pie a la leyenda.

Dicen que la niña te mira sin ninguna expresión facial, para terminar desvaneciéndose cuando te acercas a ella, lo que te hace preguntarte si todo no habrá sido una mala jugada de la mente.

Podría decirse que los lugareños estuvieran algo condicionados, pero el caso es que también hay relatos de viajeros ocasionales que seguramente desconocían las historias sobre el lugar.

En los años 90, se dio incluso el caso de un trabajador de la no muy lejana central nuclear de Almaraz-Trillo, que llegó a encontrarla hasta en tres ocasiones diferentes. El señor G. Fernández Naranjo, acabó por parar e ir tras la niña, cuando en la última ocasión echó a correr hacia el bosque al dirigirse a ella, para acabar viendo cómo se desvanecía antes sus ojos unos metros más allá.

Pero es que además hay algún otro testimonio, que habla también de extraños ruidos y movimientos en los arbustos cercanos a la carretera, como si algunos animales estuvieran ocultos por ahí.

Todas estas cosas ocurren al parecer de noche y especialmente en un tramo concreto que se sitúa entre las ruinas del antiguo pueblo y el puente romano. El entorno, ciertamente parece hecho a medida al ser un paraje muy misterioso.

Esta historia recibió recientemente un gran espaldarazo en cuanto a su popularidad tras ser difundida en un reportaje por el conocido programa televisivo español, Cuarto Milenio, que entrevistaba a una persona que había visto a la niña en dos ocasiones.

Aunque ya antes y también por medio del mediático Iker Jiménez, en esta ocasión en su programa de radio, Milenio 3, el investigador Gonzalo Pérez Sarro había dado a conocer una psicofonía obtenida por allí, en la que al preguntar por la niña y si necesitaba ayuda, una siniestra voz respondía simplemente: “No”.

Por si fuera poco, el director Víctor García, tomó como referencia estas leyendas para su película cinematográfica, “La niña de la comunión”, que fue estrenada el pasado año.

Aunque en el film la historia transcurre en un pueblo catalán, el propio director reconoció que su inspiración directa había sido la historia cacereña y en ella se había basado. La película por cierto resulta una entretenida cinta de terror.

Toda esta atención no resta un ápice de misterio a todo lo que rodea este caso y desde luego los vecinos de las zonas cercanas siguen teniendo muy presente lo que se dice cuando circulan por las inmediaciones, por si el misterio les sale al paso.

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