Almacenes de leyenda
Hoy os vengo a recordar una historia casi de terror que forma parte de esas leyendas urbanas que abundan en cualquier rincón.
Esta en concreto procede de España, de la ciudad de Barcelona, y tiene relación con algo que decían sucedía en unos grandes almacenes.
Parece que los posibles hechos comenzaron a correr de boca en boca allá por la década de los 80 del pasado siglo XX.
El origen de todo, se centraba en el edificio de El Corte Inglés de la Plaza de Cataluña de la ciudad condal, conocido por todos sus habitantes.
No hay un indicio claro y rotundo de cómo se originaron los comentarios, pero el caso es que comenzó a correrse la voz de que no era muy sensato intentar colarse en ese recinto por las noches y menos con malas intenciones.
¿Y a qué se debía ese consejo? Pues parece ser que lo que comenzó a circular por ahí es que el edificio estaba protegido por unos guardias muy peculiares.
Se trataba nada menos que de un grupo de doberman especialmente entrenados y que vagaban libres por todo el edificio a la búsqueda de intrusos.
Las noticias propagadas hablaban de los animales estaban semialimentados solo con sobras del supermercado para que tuvieran hambre y que portaban collares eléctricos que les producían descargas si se orinaban por las instalaciones.
Todas estas cosas tenían el efecto de que los perros fueran especialmente feroces y que cualquiera que se hallara en el establecimiento durante la noche, ya fuera un ladrón, un aprovechado o un vagabundo buscando refugio, corriera un peligro de muerte cierto.
Hubo algún caso de persona desparecida y no faltaron los comentarios sobre su suerte relacionando el caso con los perros.
El pensamiento era que los gruesos muros del edificio tapaban los gritos de las infortunadas víctimas, que una vez cerrado el centro, no tenían hueco por el que escapar.
Decían que después, al llegar la mañana y antes de tener que abrir de nuevo el centro al público, un grupo de agentes especialmente entrenado y equipado, recorría el edificio para recoger y llevar a sus recintos diurnos a los canes.
Las malas lenguas afirmaban también que si descubrían los restos de alguna víctima de los animales, ya se encargaban también de limpiar todo y deshacerse de lo que hubiera, en un horno que se ubicaba en el sótano.
Tan siniestro sistema de seguridad se convirtió en comidilla de charlas y reuniones y no tardó en ganarse la categoría de leyenda urbana terrorífica.
Ni qué decir tiene que los directivos de los grandes almacenes negaron categóricamente que ellos tuvieran nada parecido, ni obviamente pudo obtenerse evidencia alguna de que tales doberman existieran, pero tampoco pudieron evitar que por unos años esa leyenda urbana corriera de boca en boca por la ciudad, hasta que con el tiempo cayó en el olvido.
Ya comentábamos que no se llegó a hallar un punto de origen cierto del relato, pero sin embargo si hubo quién hizo notar una coincidencia curiosa en el tiempo relacionada con el cine.
En 1973, se estrenó una película americana llamada “Trapped” (Atrapado). Creo que aquí no se llegó a estrenar en salas, pero sin embargo, en los años 80 sí pasó al circuito de vídeo, entonces para los vídeoclubs.
En ese formato, aquí se retituló como “La Patrulla de los Doberman” y a poco avispados que seáis, si juntáis su título original con este, seguro que imagináis de qué iba la película.
Efectivamente, va de un hombre que se queda atrapado por la noche en unos grandes almacenes en los que patrullan unos nada amigables doberman, que le obligarán a una extrema lucha por la superviviencia.
Teniendo en cuenta ese dato, no resulta chocante que alguna fuente apuntara a esta circunstancia como el origen de la leyenda de Barcelona, al aprovechar algún gracioso el argumento del film y trasladarlo a la realidad.
Sea como fuere, es una curiosidad más que forma parte de tantas y tantas de esas leyendas que muchos conocen y transmiten, sin saber muy bien cuánto mucho o poco tienen de verdad o de inventadas.



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