Se mantuvo fiel
Por muchos ejemplos que surjan, las historias de animales protectores hacia los humanos siempre nos atraen por su sensibilidad y por las preguntas que nos hacen formularnos.
No podemos evitar pensar al conocerlas, qué misteriosos mecanismos se activan para que se produzcan esos comportamientos que en no pocas ocasiones exceden a los que nosotros mismos mostramos.
Hace algo más de una década tuvo lugar una de esas historias que hizo que su protagonista humana sea conocida todavía hoy en día por ello en su país.
En una remota zona siberiana de la región de Yakutia, habitaba la familia Chikitova. Una mañana de julio de 2014, el padre se subió a su furgoneta y partió para hacer unos trabajos forestales atravesando la densa zona boscosa de taiga que les rodeaba.
Lo que no podía suponer es que ese día su intrépida hija Karina, de 4 años, decidiera que quería acompañarle y sin decir nada a su madre, emprendiera el camino del bosque en busca de su padre.
Por suerte, había un testigo. Su perra mestiza Naida observó todo en la distancia y sin dudarlo corrió junto a la pequeña para ir a su lado.
Con valentía, pero también con temeridad, la inocente niña se adentró en lo profundo del gran bosque creyendo ir al encuentro de su padre y como era de esperar ocurrió lo más probable, la niña acabó perdida a la intemperie en la inmensidad verde.
Lamentablemente, la madre, que no había visto físicamente la partida de su marido, asumió que la niña estaba con él y no fue hasta un par de días después, cuando él volvió, que se dieron cuenta del desastre.
El gigantesco bosque siberiano no es para nada un lugar amigable, el clima puede ser extremo y las condiciones muy duras especialmente para una niña pequeña. Por si fuera poco es el hábitat de depredadores peligrosos como osos o lobos, por lo que puede uno imaginar la angustia de los padres.
La niña llevaba ya cuatro días desaparecida mientras el dispositivo de búsqueda había alcanzado proporciones enormes para la remota zona en la que vivían, puesto que a todos los familiares y vecinos se habían sumado más de un centenar de personas, entre policías, bomberos, sanitarios, militares y voluntarios, además de vehículos todo terreno e incluso drones y un helicóptero.
Pero los días, a pesar de los abnegados esfuerzos de todos los implicados, iban pasando sin resultados dada la magnitud del área a rastrear y el temor por la suerte de la pequeña Karina iba desgraciadamente en aumento.
A la salida del pueblo en el que residía la familia se había establecido un puesto de mando desde el que se coordinaban todos los trabajos y sería precisamente allí dónde tendría lugar el punto de inflexión que cambiaría el desarrollo de la historia.
Con las últimas luces del noveno día de búsqueda, en ese puesto de mando apareció de improviso un personaje al que en el frenesí de preocupación por la niña, casi nadie había tenido en cuenta, pero que en realidad había sido la protagonista en la sombra, la fiel perra Naida.
Con evidentes muestras de nerviosismo, el animal comenzó a llamar la atención de los presentes. Pronto fue reconocida por unos vecinos y rápidamente avisaron a los padres. Era evidente que la perra quería que la siguiesen, así que con rapidez el grueso de los efectivos fueron organizados y movilizados para seguir al inteligente can.
Sin dudar, Naida marchaba en cabeza de la comitiva teniendo muy claro su rumbo y que el tiempo apremiaba. De esta forma fueron adentrándose en lo más profundo y espeso hasta el punto de que hubo que acabar siguiéndola a pie por lo abrupto del terreno.
No pudieron dejar de notar que por allí había hasta huellas de oso, por lo que guardias armados protegían los flancos del grupo.
Finalmente, tras una marcha de más de un día, habiendo entrado ya en el undécimo desde la desaparición, la perra llegó a un claro con alta vegetación en el que se detuvo ladrando ansiosa.
De inmediato, comprendiendo que la pequeña Karina no debía estar lejos, todos se desplegaron en línea para cubrir hasta el último centímetro de terreno.

Cuando llevaban poco más de media hora de búsqueda, uno de los rescatistas, de nombre Artyom Borisov, realizó el hallazgo más esperado por todos.
Según sus propias palabras a los medios, “Estaba sentada en medio de la hierba alta, completamente silenciosa. No la vi al principio. Ella me vio y extendió sus brazos. La levanté, era tan pequeña, tan ligera, como una pluma. No tenía zapatos. Su rostro, piernas y brazos estaban cubiertos de picaduras de mosquitos. Estaba aterrorizada. Inmediatamente pidió agua y comida, y rompió a llorar. Para ser honesto, yo apenas podía contener las lágrimas también”.
La maravillosa noticia corrió como la pólvora a lo largo de la gran hilera humana y pronto todos convergieron hacia ese punto, con los padres de Karina a la cabeza.
El encuentro fue tan emotivo como cualquier pueda imaginar, pues sin duda era algo milagroso que la niña hubiera logrado sobrevivir tanto tiempo sin daños en esos parajes.
Pasada la euforia inicial, una vez revisada médicamente la niña y habiendo vuelto a casa con su familia, llegó el momento de analizar más en detalle los hechos.
Fue entonces cuando todos cayeron en el fundamental papel de un ángel de la guarda que casi había pasado inadvertido, pero que nunca dejó de proteger a su pequeña amiga.
Ella además aportó pistas con sus explicaciones sobre lo que había pasado esos días y todo el mundo comprendió que si la niña había sobrevivido fue gracias a Naida.
El inteligente animal no había dejado de acompañar a la niña, asegurándose de que no hubiera peligros y buscando refugio para las noches. Hasta parece que en una ocasión había ahuyentado a algún animal salvaje que la pequeña tampoco pudo identificar bien.
Finalmente, ese noveno día pareció comprender que llegado ese punto su mejor opción era buscar más ayuda y partió a buscarla, no sin antes haber dejado bien oculta a la niña entre la vegetación en el punto en el que la encontraron.
El misterioso instinto que la empujó a no cejar en su empeño de protegerla a toda costa, admiró a toda la población y a todo el país cuando el caso saltó a los titulares.
Tanto es así, que las autoridades terminaron por erigir en su honor una estatua en la entrada del aeropuerto de Yakutsk, con las figuras de las dos protagonistas, recordando el valor y coraje de ambas y también la lealtad del animal. Además, inspiró la historia de un libro infantil que es popular en su país.
Hoy, convertida en toda una adolescente, desarrolla una prometedora carrera como bailarina de ballet clásico en la escuela de ballet de su localidad, que es la institución de este tipo más septentrional del mundo.
Para su gente, sigue siendo un ejemplo de coraje y determinación y su aventura junto a su fiel Naida, no ha sido olvidada.



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