Esta historia, realmente inspiradora y conmovedora, muestra cómo en no pocas ocasiones, virtudes o cualidades que creemos reservadas a nosotros los humanos, no lo son tanto.

Lo cierto es que nuestros amigos animales son capaces de sorprendernos con comportamientos y actitudes que en principio creeríamos reservadas a nuestra especie o a nuestra humanidad.

Nuestras protagonistas son dos hermosas cigüeñas blancas que se hicieron justamente famosas en su país por su increíble historia de fidelidad en el tiempo.

Como todo hay que decirlo, hay que añadir que también una buena persona fue importante y decisiva en todo el proceso.

Tampoco está de más indicar por si no lo conocíais, que de manera muy frecuente las cigüeñas suelen emparejarse de por vida, pero este caso, por sus especiales características, resultó especialmente emotivo.

Todo comenzó allá por 1993, en una pequeña localidad del este de Croacia llamada Brodski Varoš, en la que nuestro coprotagonista humano, Stjepan Vokić, era el conserje de la escuela principal.

Un buen día, dando un paseo a la ribera del río, sorprendió a una cigüeña adulta. Extrañado de que no levantara el vuelo, se acercó hasta ella y pudo comprobar que tenía un ala destrozada, seguramente por el disparo de algún cazador desaprensivo.

Dándose cuenta de que al animal ya no podría volver a volar y que allí estaba sentenciado, el   bueno de Stjepan decidió hacer algo y consiguió capturar al ave para llevarla hasta su casa.

Pronto ambos congeniaron y la cigüeña aceptó de buen grado a su rescatador, mientras que el hombre la adoptó definitivamente y le puso por nombre “Malena”.

Le construyó un confortable nido en el tejado de su casa en el que estaría protegida durante los duros inviernos al no poder emigrar y todos los días le daba pescado y buenos alimentos. Año tras año, se hicieron entrañables amigos.

Todo cambió en 2001, que marcó el inicio de la segunda parte de la historia. Fue entonces cuando llegó a la localidad un hermoso macho que se prendó de Malena y decidió quedarse con ella en su nido, cosa que la hembra aceptó encantada.

Stjepan también de alegró en extremo por su amiga alada y esa temporada pudo ver nacer a su primera nidada, mientras también se hacía amigo del macho, al que llamó “Klepetan”.

Los vecinos del pueblo, que ya conocían la historia, también estaban felices con las cigüeñas y se acercaban a verlas

Pero claro, llegó el otoño y a su vez el momento de partir para las cigüeñas. Klepetan tuvo que seguir su instinto y emprender el vieje de regreso a África junto a sus pollos volanderos, dejando allí a su pareja Malena.

Fueron días tristes para todos. El hombre intentó estar más pendiente de su amiga y en su fuero interno esperaba que algún otro macho repitiera en otra temporada, por el bien de Malena.

Así, llegó la siguiente primavera y una mañana, Stjepan se sorprendió al escuchar el típico crotoreo de saludo de las cigüeñas. Salió rápido y pudo ver que Malena estaba de nuevo acompañada y no de un macho cualquiera, sino que se trataba de nuevo de Klepetan, que había regresado junto a ella.

El hombre no cabía en sí de gozo y pronto sus vecinos compartieron también la noticia, con lo que la pareja volvió a gozar de las simpatías humanas.

¿Cómo siguió la historia? Pues bien, Klepetan repitió el proceso durante nada menos que 19 años consecutivos, partiendo en el otoño y volviendo invariablemente cada primavera.

Malena seguía cuidada y protegida por Stjepan, pero el macho logró sobrevivir a miles de kilómetros de travesías y seguro que un sinfín de sucesos en tierras africanas, para regresar siempre al lado de su pareja que le esperaba impaciente.

Durante esos años lograron criar y sacar adelanta nada menos que a 66 pollos que tuvieron su oportunidad en el mundo gracias a sus abnegados padres y a su colaborador amigo humano que también siguió junto a ellos siempre.

Con el paso de los años, las llegadas de Kepletan se convirtieron en todo un fenómeno en su localidad, con voluntarios que vigilaban los cielos desde días antes de su esperada llegada, para recibirlo como a un auténtico héroe local.

Tristemente, su historia llegó a su fin el 7 de julio de 2021, cuando Malena murió de vejez, en paz y acompañada hasta el último momento por sus inseparables Stjepan y Klepetan.

En los siguientes años, el macho siguió regresando a la localidad y curiosamente ya no iba directo al nido, sino que su primera parada era invariablemente junto al manzano al pie del que estaba enterrada Malena. Stjepan, ya también mayor, le esperaba allí para saludarle con afecto.

Durante todos estos años, su historia se ha hecho famosa no solo en su país sino en toda Europa y con las redes sociales, yo diría que en todo el mundo.

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