No descubro nada nuevo si os digo que esta noche es una de las más indicadas para contar historias misteriosas y leyendas que pongan los pelos de punta.

Por eso vamos con una de ellas que habla de un monstruoso ser del que más vale mantenerse lejos mientras se pueda.

La tradición que nos cuenta sobre esta criatura nos llega desde las zonas rurales de Chile, en las que se la conoce desde tiempos inmemoriales.

El “viborón” o también “culebrón”, ha formado parte de las pesadillas de aquellas gentes desde el más remoto pasado.

Se trataría de un enorme animal serpentiforme que habitaría alrededor de los cauces de agua, guareciéndose en cuevas y zonas espesas de bosque.

Su cuerpo sería fuerte, musculoso y además peludo, poseyendo una enorme cabeza más grande que la de un buey.

De gran ferocidad, sería capaz de alimentarse de casi cualquier cosa que le saliera al paso, por supuesto humanos incluidos.

Parece que además tendría la capacidad de llegar a hipnotizar de alguna manera a sus víctimas para que se pongan a su alcance y poder capturarlas plácidamente, lo que le haría todavía más peligroso.

De costumbres nocturnas, haría que los caminos y zonas con agua fueran lugares nada recomendables para visitar una vez caída la noche.

Pero hay una característica única que hace a esta criatura especialmente atrayente para los hombres a pesar del peligro que representa.

Lo peculiar del viborón es que se dice que es capaz de detectar tesoros, tanto los que alguien oculte en el presente como los que llevaran mucho tiempo escondidos.

Cuentan que si alguien entierra un tesoro para mantenerlo a salvo de miradas indiscretas, la criatura podría detectarlo en cuanto lleve 40 días enterrado y mantenerlo así vigilado en su radar.

Por ello se dice también que si el dueño quisiera recuperar posteriormente lo que enterró, debe antes rociar bien el terreno con abundante aguardiente, en la idea de que el monstruo se distraiga bebiendo el licor y él pueda coger de nuevo sus riquezas mientras está distraído.

Pero todavía es más sorprendente otra cualidad del viborón que pone a prueba el valor y también la codicia humana, puesto que se cree que es capaz de llevar riqueza a quién consiguiera la hazaña de “domesticar” uno.

Tarea esta nada fácil, pues además el proceso es laborioso y muy arriesgado, ya que para empezar hay que acercarse tanto como para poder arrancarle tres pelos y si consigues salir vivo del trance habrás dado el primer paso.

Después, esos pelos hay que meterlos en un recipiente con leche fresca y dejarlos así unos días, al cabo de los cuales, de cada pelo nacerá una cría de viborón.

La continuación es bastante truculenta, puesto que el más fuerte de los nacidos acabará matando y devorando a sus otros dos hermanos.

El que quede se convertirá en el viborón del hombre en cuestión, que deberá alimentarle con abundante leche de vaca y el ser le servirá, siempre que el humano cumpla con las condiciones, claro, que no son moco de pavo.

La truculencia sigue adelante puesto que para que el ser no se vuelva contra él, el hombre que realiza el proceso deberá ofrecerle una vez al año un sacrificio de un animal y también, ¡Atención!, de parientes cercanos, dejando su sangre en una ubicación secreta solo conocida por ellos dos.

Mientras el hombre cumpla, el viborón hará que nunca le falten las riquezas materiales, pero como se descuide y no lo tenga contento, lo más probable será que lo acabe devorando y no contento con eso, acabe también con los miembros de su familia que pueda atrapar.

Por eso algunas fuentes retratan a la criatura como enviada por el mismísimo diablo para tentar la codicia humana, cuando no lo describen como el propio demonio en persona.

Sin duda, dada la noche de Halloween que nos envuelve hoy, una historia de lo más apropiada. Pasadlo terroríficamente bien.

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