Manchados amigos
Seguro que alguna vez habrás procedido a alimentar a algún animalito en algún parque o jardín, o incluso en la propia Naturaleza.
El que más y el que menos, en alguna ocasión hemos dado comida a los patos, las palomas, los gorriones, un caballo, burrito u oveja, algún pececillo y qué decir de gatos o perros.
Pero hay animales en los que seguro no pensaríais a la hora de imaginar candidatos para compartir esos momentos, más que nada pensando que pudiera ser que vosotros mismos acabaseis siendo el tentempié.
Uno de ellos es el protagonista de esta historia. Un icónico habitante africano que desde luego no es el que te viene a la cabeza si se trata de hablar de animales domesticables y amistosos con los humanos.
Estoy hablando de la celebérrima hiena. Concretamente la especie más extendida, la hiena manchada o moteada (Crocuta crocuta), pues existe una prima mucho más esquiva y menos conocida, como es la hiena rayada (Hyaena hyaena).
La hiena manchada es un imponente carnívoro, sí, digo bien, carnívoro, pues en contra de la opinión general estos animales comen carroña siempre que pueden por aprovechamiento, pero no son propiamente carroñeros, sino unos formidables depredadores.
Realmente si tienes una al lado asombra, pues es bastante más grande de lo que se puede uno pensar a priori y su aspecto, a pesar de desgarbado por tener los cuartos traseros más cortos, trasmite una gran sensación de fuerza y potencia.
Pueden llegar a medir casi metro y medio de longitud y alcanzar una estimable altura en la cruz de 90 centímetros, pudiendo pesar de promedio lo que un humano, pues hablamos de unos 75 kilos.
No digamos ya si nos abren la boca a unos centímetros y podemos ver de cerca su atemorizante panoplia de dientes, sus afilados colmillos y fuertes molares, en esa poderosa mandíbula que le otorga una de las mordidas más potentes conocidas.
Su organización social que les lleva a agruparse en unidas manadas, les han hecho uno de los animales más temidos de África, tanto para sus potenciales presas como para sus rivales por el territorio y la comida, siendo famosas para los documentales sus trifulcas constantes con los grandes emblemas africanos, los leones.
Son las hienas, como hablaba al principio, animales que de entrada no parecen unos candidatos idóneos para entablar una relación amistosa con los humanos, sin embargo, existe un pequeño rincón en el que esa extraña simbiosis se produce y lleva haciéndolo ya más de 500 años.
Me estoy refiriendo a la ciudad etíope de Harar. Allí, al caer la noche se reproduce un curioso misterio que hoy en día hasta se ha convertido en toda una atracción turística y tiene a los científicos asombrados pues que se sepa, esa interacción no se produce en ningún otro lugar del continente africano.
Todas las noches, montones de hienas salvajes pertenecientes además a diversas familias, llegan desde sus territorios en la sabana y se acercan con confianza a unos puntos establecidos por la ciudad y sus afueras, en dónde vecinos de la zona les esperan con comida y las alimentan como si fueran perrillos callejeros.
Realmente impresiona ver a esos poderosos animales acercarse a los humanos y tomar la comida de sus manos con todo cuidado y a esos mismos humanos ofrecérsela con toda confianza.
Yo, que he tenido la suerte de alimentar en la mano a lobos ibéricos, no olvido el tremendo ruido que hacían sus mandíbulas al cerrarse sobre la comida que tomaban de mi mano extendida, así que imagino la sensación ante la bastante más poderosa hiena.
¿Y de dónde surgió esta única y misteriosa relación? Pues como anticipé, sus inicios se remontan a varios siglos atrás. Como anécdota significativa puedo comentar que Harar era originalmente una ciudad amurallada y aunque el estado actual de esa muralla no es el más óptimo en muchos puntos, sí se conserva en buena parte y lo curioso es que cuando se diseñó, se incluyeron en ella diversas aberturas que según la tradición estaban destinadas a permitir la entrada y salida libre de las hienas.
Cierto es también que para la cultura popular religiosa de la zona, estos animales se han considerado siempre especiales y con la capacidad de ahuyentar a los espíritus malignos y que cuidarlas atraería beneficios y prosperidad, por lo que pudiera ser que por ahí viniera lo de ser tolerantes con ellas e intentar tenerlas cerca.
El ritual evolucionado tal como ya se conoce hoy en día, tiene también componentes más prácticos como por ejemplo intentar evitar ataques al ganado o a las propias personas, al tener a las hienas locales bien alimentadas y sabiendo que en la ciudad siempre van a encontrar comida fácil.
También se ha convertido en un potente motor para la economía local, pues al ser conocido en todo el mundo merced a las redes sociales, atrae a multitud de turistas que benefician enormemente las cuentas públicas.
Eso no quita para que siga siendo un momento casi mágico. De hecho, las personas que se encargan del proceso son seleccionadas especialmente y conocidas como “los hombres de las hienas”. Es un cargo honorífico que en la mayoría de ocasiones pasa de padres a hijos.
Este grupo ha logrado forjar una fascinante relación con esos depredadores, hasta el punto de que incluso llegan tomar comida no ya de la mano, sino de la boca de los humanos, permitiendo que éstos las acaricien como a un perro y a su vez los hombres consienten que por ejemplo las hienas se apoyen en sus hombros cuando están sentados.
Todos los que presencian la sesión, ya sea a través de vídeos o más todavía en directo, quedan impresionados por la complicidad y el respeto mutuo que protagonistas humanos y animales se profesan entre sí.
Es un perfecto ejemplo de cómo el hombre, si se lo propone, puede vivir en perfecta armonía con su entorno y sus vecinos animales, por muy fieros que estos sean.
Etiquetas: Mamíferos
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