La cordillera de los Alpes es uno de los hitos geológicos más imponentes del mundo y especialmente del corazón del continente europeo.

Los ocho países que cruza, se ven ciertamente influenciados por su presencia, que genera una riqueza paisajística espectacular.

Por supuesto, tan majestuoso entorno en el que los hombres se han desenvuelto desde el principio de los tiempos,  no podía dejar de dar lugar a historias legendarias.

Hoy querría hablar de una de ellas, conocida en zonas alpinas especialmente de Alemania y Suiza, pero también de Austria e Italia.

La historia nos habla de un inquietante y extraño ser que dicen habita en rincones recónditos de las montañas y que recibe el nombre de “Tatzelwurm” (En traducción libre, algo así como gusano con zarpas).

La criatura tendría la cabeza y el tronco superior con aspecto puramente gatuno, incluidas las patas delanteras, mientras que el resto de su cuerpo sería serpentiforme, pudiendo alcanzar los dos metros de longitud.

Sus dientes se veían afilados e imponentes, también sus garras, mientras que su mirada aguda y casi hipnótica te podía dejar clavado en el suelo.

Sin duda, ya su sola presencia en una senda solitaria entre la espesura debería ser algo aterrador, pero lo peor no está en su aspecto.

Según los antiguos relatos y tradiciones, lo más peligroso sería su aliento, que en la práctica totalidad de variantes describen como extraordinariamente venenoso y casi siempre mortal.

Parece ser que además podría desplazarse rápidamente e incluso dar grandes saltos con los que alcanzar a sus presas.

En su comportamiento figuraba además la costumbre de hibernar durante los duros inviernos, refugiado en grietas y cuevas naturales. Con el buen tiempo podía ser que a veces utilizara los pajares para dormir.

Sin estar muy claro si semejante criatura podría asimilarse más a una serpiente, dragón o felino, lo cierto es que a lo largo del tiempo y por extraño que parezca, se han ido sucediendo avistamientos que por la similitud en las descripciones, se han asignado al Tatzelwurm en el imaginario colectivo.

Podemos comentar algunos de ellos, recogidos en relatos y bibliografía antigua y moderna.

Se considera que el más antiguo documentado, ocurrió el 13 de mayo de 1572. En el códice que lo narra se cuenta que un pastor logró nada menos que capturar uno, cuando asustó a los bueyes de su carreta.

Parece que todavía no estaba desarrollado y pudiera haber sido una cría y alguna otra fuente incluso indica que el ejemplar llegó a ser expuesto en un museo como el último dragón capturado en Europa.

Posteriormente, en abril de 1711, encontramos que un cazador, identificado como Jean Tinner, describió un encuentro con “algo como una serpiente con la cabeza levantada y parecida a la de un gato, de por lo menos siete pies de largo”.

El cazador hirió a la criatura con su mosquete y posteriormente logró matarla con la ayuda de su padre, pero no se conservo nada de ella.

Algo más tarde, en 1779, un hombre que era nombrado como Hans Fuchs llegó a encontrarse frente a frente con dos ejemplares, con la mala fortuna de que por la impresión sufrió un ataque al corazón del que no logró recuperarse, aunque tuvo tiempo de relatar su encuentro a su familia.

Describió también que esos seres tenían cuerpo de serpiente de dos metros de largo, gran cabeza de felino con dientes puntiagudos y potentes garras en sus patas delanteras.

Ya en el siglo siguiente, en 1828, el libro de Friedrich Von Tschuni sobre la fauna de los Alpes, recoge la historia protagonizada por un campesino que aparentemente encontró el cadáver de uno de ellos, si bien estaba casi devorado por los otros animales de las montañas.

Llegó a mostrar los restos en su población, pero tampoco despertaron mucho entusiasmo y nunca más se supo de ellos.

Si llegamos al siglo XX, todavía encontramos curiosos testimonios que nos siguen hablando de la presencia del Tatzelwurm.

En el verano de 1921, un Tatzelwurm de dos patas saltó 9 metros en el aire directamente hacia dos cazadores que marchaban por la zona de Rauris, no lejos del austríaco Salzburgo. Ambos huyeron del lugar con la máxima velocidad que pudieron.

Tres años más tarde, en 1924, supuestamente fue hallado un esqueleto de otro ejemplar, aunque tampoco se sabe hoy en día que fue del hallazgo.

Avanzando 10 años hacia el presente, nos topamos con uno de los casos más famosos de todos. Fue en 1934 cuando un fotógrafo suizo llamado Balkin, presentó nada menos que la aparente fotografía de uno de ellos, obtenida en la localidad suiza de Meiringen.

Dijo que estaba haciendo fotos al paisaje y que en principio pensó que aquello era un tronco caído, pero cuando vio que se empezaba a mover tuvo tiempo de tomar una imagen antes de que desapareciera en la espesura.

El hecho tuvo una repercusión nada desdeñable en la época, tanto es así que una respetada revista alemana, la Berliner Illustrirte Zeitung, llegó a patrocinar una expedición científica a la zona con el objetivo de lograr más testimonios concluyentes.

Al final, dicha expedición se realizó, pero sin resultado positivo alguno. De hecho con el tiempo fue ganando peso la idea de que el fotógrafo coló un gran fake a todo el mundo. En cualquier caso, tenéis la famosa foto junto a estas líneas.

También tuvo su notoriedad en la prensa de la época un caso de 1954, cuando a las afueras de Palermo, en Sicilia, unos agricultores relataron a todo el que los quiso escuchar que habían visto como una criatura con cabeza de gato y cuerpo de serpiente atacaba a una piara de cerdos.

A pesar de suceder lejos de los Alpes, la observación fue rápidamente anotada en la cuenta del Tatzelwurm.

Durante los años 90 del pasado siglo, tuvieron lugar dos o tres casos que más que tener relación con avistamientos en sí del ser, trataban sobre descubrimientos de supuestos esqueletos suyos, sin que de todos ellos se acabara sacando nada de peso para aportar claridad al enigma.

Finalmente, en el año 2000, otro extraño esqueleto parece que fue remitido a una universidad alpina y se habla de que se dijo que por fin había una prueba física de la existencia del Tatzelwurm. Sin embargo tanto la identidad de la persona que lo hizo llegar allí como del esqueleto en sí mismo, tampoco se sabe nada más a fecha de hoy.

Ya en nuestro siglo XXI, da la impresión de que esas criaturas se han esfumado definitivamente, quizá porque se hayan extuinguido o bien han logrado encontrar otra zona inexplorada por los humanos en la que habitar más tranquilos, quién sabe.

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