Hay muchos animales que deben sus nombres comunes a características físicas o de comportamiento, que fueron tenidas en cuenta por las gentes que habitan junto a ellos.

Hay casos en los que por ejemplo determinados sonidos que pueda emitir una especie, sirven para identificarla y de paso, con más o menos exactitud ser conocida para la posteridad.

Eso sucedió en algún remoto pasado con el animal del que quiero hablar hoy y que es en concreto un ave, que habita en tierras sudamericanas y cuyó nombre común en “Chajá”.

El Chajá (Chauna Torquata) tiene un tamaño considerable, pues puede llegar a los 75 centímetros de longitud y superar el metro de envergadura.

Aunque su aspecto es sin duda más similar al de las típicas aves esteparias, en realidad es un anseriforme y por tanto pariente lejano de los gansos.

Chajá1.Pasa casi todo su tiempo en tierra firme ramoneando aquí y allá pues es de alimentación herbívora, lo que no quita que, quizá por sus ancestros familiares, sea capaz de nadar, aunque no le suele hacer mucha gracia.

Sí utiliza, sin embargo, los juncales y vegetación de las riberas para instalar allí sus nidos, más al abrigo de los depredadores.

Su zona de distribución se extiende principalmente por Uruguay, Paraguay y Argentina, aunque también ocupa zonas de Brasil y Bolivia.

Son apreciadas por su carne y por tanto objeto de caza en gran parte de las regiones que ocupa, aunque por el momento no se considera una especie amenazada.

Su nombre común, chajá, nos da pie para volver de nuevo a las primeras líneas de esta entrada y lo que en ellas comentaba, puesto que al parecer viene de una onomatopeya del grito típico de alarma que emiten para avisarse entre ellos de un peligro y que sonaría parecido a la palabra guaraní chajá que vendría a significar “huye” o “escapa”, de ahí que se produjera la asociación de ideas.

Siendo desde luego un ave de características interesantes, el motivo de traer al chajá hasta aquí viene más bien desde otra perspectiva.

En concreto del hecho de ser el protagonista de dos curiosas leyendas que explican el origen de la especie aunque en principio no tengan mucho que ver. Proceden de las mismas zonas sudamericanas y tienen como común denominador la presencia del animal.

La primera, nos habla de cómo en una indeterminada ocasión de una indeterminada época pasada, había dos mujeres vecinas lavando su ropa en el pequeño riachuelo que se hallaba a las afueras de su poblado.

De repente se vieron sorprendidas por la aparición de un hombre con aspecto de vagabundo que les pidió la facilitasen un poco de agua pues venía sediento del camino.

Chajá2.Las dos mujeres pudieron haberlo hecho sin más, pero incomodadas por el aspecto del desconocido decidieron darle a entender que no era bien recibido y lo engañaron dándole agua, sí, pero con una gran cantidad de jabón.

Más cuál no sería su sorpresa cuando el mendigo, en medio de una gran luz, se transformó por completo convirtiéndose nada menos que en el mismísimo Dios, que como castigo por su nula caridad les convirtió en unas aves, que no eran otra que nuestro ya conocido chajá.

En lo que respecta a la otra leyenda, tiene un origen más marcadamente indígena en cuanto a que nos habla de lo sucedido en un remoto y antiquísimo poblado guaraní.

Allí, un anciano cacique llamado Aguará, mandaba sobre su pueblo con el apoyo de su única hija, Taca.

Vivían apaciblemente hasta que un día uno de sus jóvenes fue atacado y muerto por un jaguar. En las semanas siguientes varias personas más fueron víctimas del felino, por lo que Aguará reunió a su pueblo y pidió voluntarios para salir en su busca.

Un valiente fue el único que se ofreció y partió así en busca del jaguar… Para no volver. El cacique tuvo entonces que convocar de nuevo a su pueblo para buscar nuevos voluntarios, pero esta vez nadie más quiso ofrecerse.

Ante tal panorama, la valiente Taca montó en cólera afeando la cobardía de los hombres y decidiendo ser ella la que partiera en busca de su enemigo, a pesar de que su padre no quería que afrontara tal peligro.

Quiso la suerte entonces que coincidiendo con todo esto se produjera la vuelta al poblado de otro grupo de guerreros que habían estado varias semanas cazando y aprovisionándose para el resto del poblado y que por tanto nada sabían del asunto.

Entre ellos estaba aquel que había robado el corazón de la joven Taca, el guerrero Ará-Naró, que también tenía los mismos sentimientos hacia ella.

Chajá3.Así que cuando el viejo cacique le informó de los planes de su hija, el joven no dudo en acompañarla. Y así abandonó el poblado la pareja en busca del esquivo jaguar.

No tardaron en encontrarse cara a cara tras unos días de marcha y el inevitable combate tuvo lugar. Nadie salió triunfante puesto que todos, ambos jóvenes y el animal, pagaron son sus vidas el enfrentamiento.

A medida que fueron pasando los días y no había noticias ni de la pareja ni tampoco del jaguar, los habitantes del poblado empezaron a comprender qué pudo haber pasado y aunque se mostraron agradecidos a la pareja por su sacrificio, la pena les invadió, especialmente al viejo Aguará, que consumido acabó muriendo también.

Y fue en el momento de proceder a su enterramiento en una gran urna de barro como era su costumbre, cuando todos se vieron sorprendidos por unos extraños gritos que parecían venir de unos árboles cercanos.

Al mirar hacia allí pudieron contemplar una pareja de aves que hasta entonces nunca habían visto y que gritaban “Yahá, Yahá”. Para los habitantes del poblado fue evidente que aquellas aves no podían ser más que Taca y Ará-Naró, que habían vuelto para cuidar a los suyos.

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