En bastantes ocasiones tendemos a relativizar las capacidades de algunos animales otorgándoles facultades simples de una manera no siempre adecuada.

Por ejemplo, de las vacas es frecuente escuchar dichos sobre su escasa inteligencia, sobre lo bobas que son y sus miradas fijas que perecen transmitir puro desconcierto.

Pero, como sucede con otras especies, no podemos aseverar para nada que acertemos con esos comentarios y más bien deberíamos observar con menos prepotencia para poder comprender que las cosas no son exactamente así.

Recientemente, una simpática vaca vienesa ha sorprendido a los especialistas y al público en general al haber mostrado un comportamiento que jamás había sido comprobado en estos animales.

En 2025, la bióloga Alice Auesperg de la Universidad de Viena, publicó un libro sobre comportamiento animal, que le hizo recibir no pocos mensajes de gente corriente que le hablaba de casos con sus mascotas.

Entre ellos, le llamó la atención un vídeo enviado por un granjero llamado Witkar Wiegele, sobre una vaca que tenía como mascota ya hacía años.

Enseñó el vídeo a su colega del Instituto de Investigación Messerli, de su universidad, el granadino Antonio Osuna-Mascaró.

Ambos comprendieron que estaban ante algo inusual y decidieron desplazarse hasta el origen de la noticia, el pueblo de Nötsch, ubicado en las montañas de Carintia, al sur de Austria.

Lo que habían contemplado era nada menos que la capacidad para usar herramientas, como después han acreditado con los resultados de su estudio, realizado durante varias semanas y mediante más de 70 experimentos in situ.

Sus curiosas conclusiones han sido publicadas recientemente en la revista “Current Biology” y han sido muy comentadas por los especialistas.

Veronika es una amigable vaca de raza Braunvieh marrón suiza, que tiene en la actualidad 13 años y siempre ha sido acogida como mascota por la familia, como ya estuvo su madre.

Los científicos piensan que ese detalle ha podido influir de una manera importante en el desarrollo del comportamiento del animal, pues ha tenido una vida más larga y con un contacto más directo con los humanos, que si hubiera sido una vaca de leche o carne.

Por ello estiman que en condiciones similares pudiera ser que las capacidades que ha mostrado Veronika se observaran de una manera no tan extraordinaria en otros ejemplares, lo que nos haría replantearnos las facultades cognitivas de estos bovinos.

Pero, ¿Qué es lo que hace esta vaca para ser tan especial? Pues ha desarrollado la habilidad de usar palos y escobas para rascarse a voluntad.

Además, los investigadores pudieron comprobar que, por ejemplo con las escobas, es capaz de alternar sus extremos para tratar distintas zonas del cuerpo, de forma innovadora, flexible y funcional.

Vieron que la vaca usaba tanto el extremo de las cerdas como el del mango, según qué ocasiones.

A partir de ahí, diseñaron unos experimentos para medir la capacidad de Veronika con el uso de una escoba de exterior de cerdas duras, cuya orientación se variaba de forma semialeatoria. Durante unas dos semanas registraron 76 episodios de uso en siete sesiones.

La vaca manipulaba la herramienta con la boca, la fijaba entre los dientes para controlarla de forma precisa y con ella se aliviaba molestias, probablemente por tábanos, rascándose en zonas difíciles de alcanzar.

Comprobaron con asombro que utilizaba la parte del cepillo para aquellas partes donde la piel es gruesa y dura, mientras que reservaba el mango para las zonas donde la piel es delicada y muy fina, como la zona umbilical, las ubres o el ano.

Por si fuera poco, era capaz de aplicar técnicas distintas: con las cerdas realizaba movimientos más amplios, enérgicos y de arrastre, pero al emplear el mango empujaba de forma precisa y cuidadosa con movimientos más ligeros.

Para los científicos, esa capacidad de adecuarse a distintas tareas convertía la escoba en una herramienta multiuso, ya que era empleada de forma diferente según el objetivo deseado por el animal.

Según comentan, es absolutamente alucinante esa flexibilidad en el uso de herramientas y el hecho de que este caso esté protagonizado por una vaca y no por otro primate.

Como complemento, otro reciente estudio liderado por la científica Océane Amichaud, del Instituto Francés de Investigación Agraria (INRAE), publicado a su vez en la revista “PLOS One”, ha constatado que las vacas son capaces de conjuntar rostros y voces de los humanos con los que interactúan de tal forma que los consiguen así reconocer y distinguir individualmente.

Parece que estos familiares bovinos nos reservaban algunas sorpresas que no esperábamos. Quizá deberíamos prestarles una mayor atención por si nos estábamos perdiendo algo más.

Se estima que podemos tener relación con estos animales por más de 10.000 años ya y sin embargo puede que conozcamos mejor a algunas especies salvajes que a otras tan cercanas a nosotros.

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