Seguro que no os sorprenderé si os comento que la casualidad está detrás de muchos descubrimientos curiosos que de otra forma quizá no hubieran visto la luz.

Es lo que sucede en el caso que nos ocupa, que tiene su origen en algo tan aparentemente poco relacionado con nuestros temas como es la explotación de diamantes.

Porque esa era la tarea inicial que movía al equipo de personas que se toparon con algo que desde luego no esperaban, aunque por suerte tuvieron el buen ojo de transmitir sus hallazgos de forma que hemos podido llegar a conocerlos.

Para empezar, nos tenemos que situar geográficamente y para ello hemos de desplazarnos hasta el pequeño país de Sierra Leona, en el corazón del África Occidental.

Es este un territorio rico en tierras diamantíferas, por lo que la industria de la minería especializada es bastante importante. A finales de la década de 1980, en una de las minas existentes a cielo abierto y en unos estratos situados a unos 50 metros de profundidad, correspondientes a una antigüedad geológica de unos 14.000-17.000 años, comenzaron a aparecer sorpresas.

En concreto, lo que los mineros comenzaron a desenterrar fue una abigarrada colección de figuras y pequeñas esculturas. Había muchas que parecían representar antiguos guerreros o similares de diversas razas antiguas.

Sin embargo, un porcentaje nada despreciable de ellas presentaba un aspecto mucho más inquietante. La mayoría de estas últimas tenía formas homínidas pero los rasgos y facciones que saltaban a la vista realmente no tenían mucho que ver con razas o etnias humanas conocidas.

Parecían más bien extraños híbridos entre humanos y anfibios o humanos y reptiles, con oníricos rasgos misteriosos. Pero además, a medida que se fueron descubriendo más figuras en la excavación y posteriormente en otras vecinas, los cruces aumentaron en variedad, llegando a encontrarse hombres elefante, leopardo o mono.

Cuando ese inesperado tesoro arqueológico cayó en manos de los estudiosos, se empezaron a obtener algunas respuestas, pero también surgieron no pocos interrogantes.

Para empezar diremos que no sabe todavía con certeza qué pueblo en concreto pudo crear esas figuras ni en qué época exacta lo hizo. Están hechas en diferentes materiales como la esteatita, el granito o el marfil y sus dimensiones varían, siendo algunas realmente miniaturas, mientras que las mayores alcanzan los 60 centímetros de alto.

En general están bien esculpidas denotando que sus autores conocían su trabajo, aunque curiosamente todas presentan unas cabezas notablemente sobredimensionadas, lo que si tenemos en cuenta el detalle con que están hechas las figuras, da a entender que es una característica buscada a propósito, quizá como si se quisiera transmitir con ella algún tipo de mensaje.

Eso también provoca de inmediato la pregunta de qué querrían representar con esa mezcla humano animal, tan evidente y misteriosa, pues dado que los autores parecen más bien realistas que figurativos, resulta muy inquietante por sus posibles implicaciones.

¿Era algún tipo de recreación artística? ¿Acaso pudiera ser que en sus tiempos llegaran a conocer seres de ese aspecto? De ser así, ¿Quiénes eran? Como suele suceder ha habido todo tipo de teorías y explicaciones, que no terminan de dejar claro el misterio del origen y significado de las figuras.

Hay que partir de la edad que se les asigna, hasta 17.000 años de antigüedad, que ya en principio se corresponde con una época en la que en principio no debería haber habido un pueblo capaz de realizar dichas figuras. Bien es cierto que algunos autores han bajado mucho las fechas hasta datar las efigies únicamente con unos 500 años de antigüedad, mientras que otros las sitúan en torno los 2.000, pero lo único palpable geológicamente es que los estratos en donde fueron inicialmente encontradas rondaban esos 17.000 años.

Pero es que por si fuera poco, las figuras llegaron aderezadas con misterios adicionales tanto o más enigmáticos que su propia existencia.

Cuando el descubrimiento comenzó a hacerse público, salieron a la luz otros pequeños hallazgos en forma de algunos ejemplares que habitantes nativos de la zona conservaban, incluso desde generaciones. Resultó que ellos ya conocían las extrañas efigies e incluso tenían un nombre para ellas. Eran las figuras Nomoli.

Lo increíble es que para ellos, las Nomoli eran la representación veraz, el testimonio de recuerdo, de los ángeles del cielo que en tiempos inmemoriales les habían visitado, llegando a convertirse en sus señores y reyes primigenios. Incluso las conservaban como amuleto para atraer la buena suerte, llegando a colocarlas en los campos en la espera de atraer la protección de aquellos antiguos ángeles para sus cosechas.

Es curioso además que el aspecto de algunas de ellas no dista demasiado de los trajes ceremoniales del famoso pueblo Dogón, en el vecino país de Malí, conocido por esos trajes de aspecto casi de astronauta, sus leyendas de viajeros espaciales y por sus inexplicables conocimientos acerca del sistema de la estrella Sirio.

Pero volviendo a las circunstancias de los hallazgos de las Nomoli, todavía hay más misterios, pues no debemos olvidarnos de las denominadas “piedras del cielo”. Son unas vetas minerales que se encontraron en las inmediaciones de las ubicaciones de las figuras, formadas por un mineral de un precioso color azulado que era desconocido hasta la fecha y que de hecho no se ha encontrado en ninguna otra parte del mundo.

Pero por si fuera poco, las Nomoli todavía guardaban una sorpresa adicional. En unas cuantas unidades se descubrió una pequeña oquedad interna y dentro de ella aparecieron unas esferas metálicas perfectamente formadas, que resultaron ser de acero y cromo, lo que si nos atenemos a la edad estimada de las figuras, resulta poco menos que imposible según nuestros conocimientos del mundo antiguo.

Ya el modelado de las figuras indicaba una capacidad técnica para esculpirlas y cocerlas, que distaba muchísimo de la que se suponía tenían los habitantes de aquella época, pero el trabajar así el metal dinamitaba cualquier esquema conocido.

No es de extrañar ante tanto misterio, que las figuras Nomoli se hayan convertido por derecho propio en uno más de esos incómodos indicios que no podemos ignorar porque están ahí, pero que preferimos mirar de soslayo como si no fuera con nosotros, pues nos recuerdan que no sabemos tanto como decimos saber de nuestro pasado.

Para terminar, os incluyo un vídeo, del canal Helium24, en el que podéis conocer visualmente un poco más sobre este atrayente misterio.

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