En esta ocasión nuestro protagonista va a ser un extraño animal que a pesar de haber aparecido a finales del siglo XIX, no ha sido identificado nunca con precisión como perteneciente a alguna especie conocida.

Se trata de un misterioso cánido que saltó a la luz pública allá por 1886, en tierras pertenecientes a Madison Valley, en el norteamericano estado de Montana.

Como muchos otros en su época, el señor Israel Amón Hutchins había marchado hacia esas tierras en busca de un mejor porvenir para él y su familia.

Allí adquirió una propiedad y estableció en ella su nuevo hogar. Una noche sin embargo, sus vacas le despertaron asustadas y cuando salió a ver qué ocurría escopeta en mano, se topó con una extraña criatura que a la escasa luz del farol que portaba le pareció algo similar a un lobo si bien no como los que estaba ya acostumbrado a ver por esa zona.

Disparó su arma, pero no consiguió hacer blanco y el animal escapó. Sin embargo, unos días después volvió a verlo cerca de su casa y en esta ocasión sí logró alcanzarle y matarle.

Como le pareció muy extraño, llevó el cuerpo del animal al taxidermista local, Joseph Sherwood. Éste tampoco pudo identificar a la criatura, pero como le pareció interesante y misterioso le compró el cuerpo a Hutchins y lo disecó y montó con un expositor.

Fue Sherwood quién le puso el nombre con el que se le conocería: “Ringdocus”. No he logrado averiguar el porqué de ese nombre, pero lo cierto es que sería con el que se haría legendario.

El extraño animal era desde luego un cánido, con una longitud aproximada de un metro y cincuenta centímetros desde la punta del hocico a la punta de la cola y una alzada de setenta y un centímetros hasta los hombros.

Libro.Su hocico era un poco más afilado que el del lobo y con una buena dentadura y su pelaje era oscuro con unas ligeras líneas atigradas, recordando quizá como si su origen pudiera haber sido un increíble cruce entre un lobo y una hiena rayada.

De hecho se llegó a pensar en un inicio que era una de ellas pues algunas fuentes hablaron de la posibilidad de un circo ambulante que anduvo por la zona y que podría tener una que se escapase, pero ese hilo nunca ha sido confirmado del todo.

Sherwood lo tuvo expuesto en una especie de museo privado que tenía con sus trabajos y el Ringdocus se hizo muy popular en la zona, aunque nadie supo identificarlo del todo.

Finalmente, el taxidermista donó sus montajes al Museo Natural de Idaho, donde se almacenaron y curiosamente acabaron traspapelados y en el olvido, incluido el Ringdocus, al que se le llegó a perder toda pista.

Muchos años después volvió a suscitar el interés del público cuando Ross E. Hutchins, reconocido naturalista y nieto del señor Hutchins, contó la historia en su autobiografía, Trails to Nature’s Mysteries: The Life of a Working Naturalist, publicada en 1977.

Loren Coleman.En ella explicaba que la leyenda del animal se había transmitido siempre en su familia, aunque nadie supiera dónde había ido a parar el Ringdocus disecado y mantuvieran como única prueba una desvaída y vieja fotografía que se hizo al montaje de Sherwood en aquellos tiempos, que el naturalista publicó en su biografía.

También, el todavía más conocido criptozoólogo Loren Coleman se hacía eco de la historia posteriormente en uno de sus libros (Cryptozoology: From A to Z, escrito en colaboración con su colega Jerome Clark) haciendo hincapié en el paralelismo entre el Ringdocus y una mítica criatura de los indios nativos americanos, conocida como “Warak’in Shunka”, cuya descripción era casi idéntica al animal en cuestión.

Actualmente no obstante, se puede conocer algo más sobre el Ringdocus, pues hace unos años, tras pasar olvidado 121, el montaje de Sherwood volvió a aparecer y finalmente se instaló en un museo de historia natural que se construyó en el localidad de Ennis, dentro del Valle de Madison original de la historia.

Ringdocus1.Curiosamente, el animal seguía estando en buen estado a pesar del tiempo transcurrido y así lo mantuvieron, por lo que hoy en día sigue allí, como atestiguan las fotos entre estas líneas, con el Ringdocus contemplándonos desde su misterioso origen.

Ringdocus2.Es de destacar que a pesar de los muchos visitantes que lo han contemplado, incluidos no pocos naturalistas y biólogos, sigue sin estar oficialmente identificado.

Curiosamente tampoco, que se sepa, se le han practicado pruebas más concluyentes para saber algo más, como por ejemplo intentar realizar un análisis de ADN, dentro de lo que puedan permitir los restos conservados.

Además se trata de un espécimen único, dado que nunca se ha vuelto a capturar o ver una criatura semejante por la zona. Por eso el misterioso Ringdocus sigue constituyendo una anomalía más en el listado de hechos naturales inexplicables.

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