Muchas veces resulta realmente difícil intentar comprender bajo qué enrevesados mecanismos tiene lugar la acción de eso que denominamos destino y porqué ejerce su influencia en una forma u otra.

Hoy os quiero presentar un caso en el que se puede observar perfectamente esto que os decía ahora.

Los hechos se remontan a un tiempo atrás, concretamente a enero de 2014. Aunque en realidad la historia en sí había comenzado unos años antes.

Nos ubicamos en la población de Barry, en Gales. Allí vivía la familia Cox. En 2001, al hijo, Sion, le regalaron un precioso cachorro de la raza Staffordshire Bull Terrier.

El chaval, entonces con poco más de 8 años, demostró ser muy responsable con el animal y se encargó de todos sus cuidados, forjando rápidamente una sólida relación de amistad con el perrito. Parecía que el destino les había unido.

Le pusieron de nombre “Chance” como para hacer notar la oportunidad que ambos habían encontrado. El can, de tener un hogar y una familia que le diera todo su cariño y el niño, para convertirse en alguien responsable y  buena persona.

Se hicieron inseparables y ambos esperaban con ilusión el momento en que Sion volvía de sus clases, para jugar juntos y disfrutar de su mutua compañía.

Parecía que el destino había unido a esos dos buenos amigos y que tendrían toda una vida para compartir. Así efectivamente comenzó a pasar el tiempo, primero un año, luego otro y entonces, tres años después, ese destino decidió hacerles una terrible jugarreta.

Chance.A principios de 2004, mientras despedía a su hijo para el colegio, la madre de Sion, Julie, decidió dejar salir al patio trasero a Chance.

Se puso a hacer sus tareas y cuando un tiempo después salió ella a buscar al animal, se dio cuenta de que había desaparecido. No era la primera vez que se aventuraba más allá de su patio por un rato, por lo que en principio no le dio excesiva importancia.

Sin embargo el tiempo fue pasando y no había señales del animal. Y cuando esa tarde Sion llegó y su perro no estaba, ya las cosas se pusieron serias.

Toda la familia se volcó en una búsqueda frenética, ayudados incluso por familiares y algunos vecinos, pusieron carteles, ofrecieron una pequeña recompensa, preguntaron aquí y allá…pero todo fue en vano.

Consiguieron incluso la ayuda de la policía local y una par de protectoras de animales, pero la suma de personas en la búsqueda, no cambió las cosas.

Los días fueron pasando, se convirtieron en semanas y luego en meses y todos terminaron aceptando que habían perdido a su querido Chance para siempre. Toda aquella felicidad de antaño se evaporó para los dos amigos.

Sion pasó una temporada realmente mala que le afectó incluso a los estudios, pero finalmente y con el apoyo de su familia pudo ir rehaciéndose sin que por ello llegara a olvidar nunca a Chance.

Ubicaciones.Con el tiempo incluso llegaron a adoptar más perros, pues el chico mostraba un gran cariño hacia los animales.

Y en este punto es cuando deberemos hacer un salto en el tiempo y volver al principio, a enero de 2014, aunque viajando hasta otra localidad galesa ubicada a poco menos de 30 kilómetros hacia el norte, hablo de Newport.

Allí, en un paso subterráneo, unos miembros de la protectora de animales local encontraron un perro callejero que no parecía en muy buenas condiciones. Con paciencia y su saber hacer, lograron capturarlo para llevarlo al veterinario que colaboraba con ellos.

El animal era un Staffordshire Bull Terrier, ya de una edad avanzada y que desde luego no estaba en su mejor momento. Era evidente que la vida en la calle no había sido fácil para el animal y le había pasado factura. Le tuvieron un par de días en observación, realizando también analíticas para determinar su estado.

Los resultados no fueron precisamente alentadores. El pobre perro se encontraba casi sordo, medio ciego de un ojo y con las articulaciones traseras en bastante mal estado, por un antiguo traumatismo mal curado o quizá por una lesión degenerativa.

Por si fuera poco, se encontraba en un estado de desnutrición severo, hasta el punto de que en su estómago encontraron restos de huesos y ¡piedras!, lo que era una señal de que el infortunado perro había necesitado ingerirlas ante la falta de otros alimentos y la necesidad de sentir algo en el estómago.

Los voluntarios se entristecieron mucho pensando en la vida que había llevado el animal y más todavía cuando el veterinario les comentó que visto su estado el proceso de curación iba a ser largo y tampoco con posibilidades totales de éxito.

Además, veían casi imposible que alguien quisiera después adoptar a un perro de esa edad, historial y condiciones.

Por ello, teniendo en cuenta esa edad ya avanzada, que calcularon en unos 12 años,  su estado, lo mal que había tenido que pasarlo hasta entonces y sus casi nulas posibilidades de encontrar adoptante, el veterinario decidió que lo mejor sería sacrificarlo.

Decidieron planificar la eutanasia para el día siguiente, pero hete aquí que el caprichoso destino quiso hacer ahora una nueva jugada, quizá en parte para reparar las penosas consecuencias de la anterior.

Y es que cuando el veterinario se quedó ya a solas con el perro y estaba por guardarlo en su cubículo hasta tener que proceder al día siguiente, de pronto se le iluminó una luz. Seguramente no era nada, pero no pasaba nada por probar.

El caso es que viendo el estado del perro y como lo encontraron, todos habían quedado tan convencidos de que el animal era un perro callejero y que siempre lo había sido, que en el tiempo que llevaba allí no se les había pasado por la cabeza la idea de comprobar con el lector de microchips si tenía alguno.

En ese momento, el veterinario lo hizo y para su inmensa sorpresa resultó que el animal sí tenía chip, aunque era antiguo. No podía creerlo. Rápidamente contactó con el personal de la protectora y se pusieron manos a la obra para intentar localizar a las personas que aparecían en aquellos milagrosos datos.

Julie y Sion con Chance.Así, cuando sonó el teléfono en su casa y Julie descolgó, no imaginaba ni por asomo lo que aquel interlocutor le iba a comunicar. Al principio se mostró confundida porque cuando el hombre se identificó y le comentó que llamaba de Newport y que habían encontrado a su perro, Julie le dijo que no entendía porque ellos tenían a sus perros en casa.

Sin embargo cuando comenzó a describirle al perro, el corazón le dio un vuelco y en otro guiño del destino, según recuerdan madre e hijo, resultó que justo cuando ella únicamente atinaba a decir “¿Qué han encontrado a Chance?”, Sion abría la puerta de casa escuchando la frase.

Los dos se abrazaron emocionados y sin poder parar de llorar. Al día siguiente estaban en Newport y ambos con lágrimas en los ojos se encaminaron a la consulta del veterinario.

Ya les habían advertido del estado del animal y creían estar preparados, pero cuando lo sacaron de dentro y estuvieron de nuevo todos cara a cara, toda la tensión acumulada en tanto tiempo se les vino encima y no pudieron evitar ponerse a llorar.

Con todo y con eso, llamaron al perro por su nombre y el pobre animal, comenzó entonces a mover la cola y gemir, dando muestras de que también él los recordaba y con su andar entonces torpe avanzó decidido hacia ellos, hasta que los tres se fundieron en un emocionado abrazo.

Los voluntarios, que estaban allí describieron la escena como realmente emocionante y en palabras de uno de ellos, “nadie pudo contener las lágrimas”.

Sion y Chance.Entonces tuvieron que enfrentarse al duro momento de hacer balance según las recomendaciones del veterinario, que a pesar de todo seguía pensando que el animal ya había sufrido mucho. Pero Sion lo tenía meridianamente claro. No importaba si el perro llegaría a vivir un día o un año más. El destino los había vuelto a unir y él haría todo lo posible para hacer que ese día o ese año fueran inolvidables para Chance.

Julie apoyó a su hijo al cien por cien y de esa forma Chance volvió con ellos a casa diez años después.

Su caso saltó a todos los periódicos británicos y por supuesto a las redes y ellos se hicieron famosos, pero siendo una familia normal, tampoco querían ser estrellas mediáticas, así que prefirieron volver a su anonimato cotidiano y disfrutar todos juntos intentando recuperar en parte el tiempo que el destino les robó.

Chance. Primer Plano.Únicamente volvieron a aparecer en los medios, ese abril, para conmemorar el catorce cumpleaños de Chance, que por increíble que parezca y con los cuidados y el amor de su amigo Sion, había conseguido recuperarse bastante de sus cuartos traseros y era capaz de nuevo de pasear y jugar con el chico. Su sordera y afección en el ojo habían mejorado menos, pero eso no impedía que fueran felices juntos.

Posteriormente volvieron a su vida anónima y la verdad yo tampoco he querido indagar mucho más en lo que haya podido ocurrir con el paso del tiempo y saber si el buen animal logró disfrutar ese reencuentro poco, mucho o todavía lo disfruta. Prefiero pensar que podría estar todavía haciéndolo. Para mí, después de pasarlo muy mal, Chance, aunque al límite, consiguió tener una nueva oportunidad y me quedo con eso.

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